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Lied En el Teatro de la Zarzuela de Madrid Sigue acogiendo con gran éxito sus citas con el Lied.
Anne Schwanewilms (Soprano) Mark Padmore (Tenor) Malcolm Martineau (Piano)
Roger Vignoles (Piano) El primero de los mismos fue una auténtica delicia. Anne Schwanewilms nos regaló su arte y su buen hacer. La calidad, gusto, refinamiento, ductilidad y carisma que posee esta cantante son extraordinarios. Se pudieron oír Lieder de Strauss y de Gustav Mahler, algunos muy conocidos como los “Zwei Lieder aus Schlichte Weisen, von Felix Dahn o “Allerseelen”, “Die Nacht” y los preciosos Drei Lieder aus des Knaben Wunderhorn. En todos ellos tanto la soprano como el pianista demostraron su capacidad y su alto nivel interpretativo. Curiosamente, en contra de algunas creencias populares (sobre todo entre cantantes) hay que decir que para cantar Lied, hay que tener voz. ¡Y qué voz! Que además suena juvenil siempre, fresca y limpia. Las sutilezas y los ricos matices, voz plana o blanca son los registros que hicieron que su línea de canto fuera comparable a un exquisito perfume que embriagó y convenció a toda la audiencia. Malcolm Martineau es uno de los pianistas extranjeros que más ha participado en este ciclo. Demostró un alto nivel. Como anécdota, comentar las desafortunadas intervenciones de un pequeño sector del público que de forma ostentosa y desagradable mandaron callar a algunos asistentes que, espontáneamente, dedicaron un conato de aplauso después de algunas de las más maravillosas intervenciones que se han escuchado en este ciclo. Yo creo que el aplauso bueno, el rico y el que gusta al artista, es el que surge de forma natural, sobre todo cuando sobre el escenario se ha visto algo que a uno le ha llamado mucho la atención. En el peor de los casos sirve para que el cantante y el pianista se relajen. Resumiendo y aunque suene a tópico, un recital de campanillas.
 Mark Padmore y Roger Vignoles interpretaron obras de Beethoven y Schubert. La primera parte estuvo compuesta por Mailied Op. 52, nº4, Neue Liebe, neues Leben Op. 75, nº 2, Adelaide Op. 46, Abendlied unterm gestirnten Miel WoO. 150 y el ciclo “An die ferne Geliebte” Op. 98. Bellos Lieder que fueron interpretados con gusto y solvencia. Quizás en el último ciclo de la amada lejana, el piano resultó aburrido y Roger Vignoles tocó de manera caprichosa y escasamente justificable. Sus idas y venidas de tempi no se podían explicar ni desde el punto de vista del texto ni musical. El tenor londinense, de bella voz y facilidad canora sometió a su instrumento a un pequeño tour de force con este programa que finalmente superó con éxito. La segunda parte estuvo integrada exclusivamente por el “ciclo” Schwanengesang D. 957 de Franz Schubert. Estos Lieder son tremendamente inspirados, profundos y muy bellos. En esta ocasión no incluyeron en la primera parte (todo con textos de Rellstab), Herbst (el Otoño) que se puede o no interpretar en el ciclo de canciones. Pudimos escuchar a Padmore muy compenetrado con la música y declamando muy bien, casi en un perfecto alemán en todo el ciclo. Es de alabar su esfuerzo y su excelente dicción. En el último de los Lieder de esta primera parte con textos de Rellstab, “Abschied” el pianista una vez más, demostró que tiene una gran personalidad rubateando a piacere y haciendo cosas realmente insólitas y poco comunes en lo que, para mi gusto, fue la tónica general del concierto en lo que al piano se refiere. Quizás no tuvo un buen día, a pesar de que hacían un buen tandem artístico. Finalizó el recital con los Lieder de Heine, muy diferentes en concepción a los anteriores. El último de ellos, Die Taubenpost puso broche a este concierto donde Padmore hizo gala de un buen fiato debido al tempo lento que tomaron. 


 Fotos: Cedidas Por Rafa Marín.
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