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RECITAL DE AINHOA ARTETA E ISMAEL JORDI
Irregularidad es quizá el calificativo que mejor define el recital que ofrecieron Ainhoa Arteta, Ismael Jordi y Rubén Fernández en el Teatro Arriaga de Bilbao. Aunque este calificativo no enturbia el resultado final ya que, el disfrute, fue general, y la entrega de los tres también. En la primera parte se dieron las mayores desigualdades en lo vocal, ya que mientras Ismael Jordi comenzó con unas delicadas arias de Bellini, interpretadas con suma corrección, delicadeza y elegancia, Ainhoa Arteta eligió tres canciones de Granados con las que no convenció vocalmente, pero que fueron aderezadas con una dosis de teatralidad muy eficaz. No faltó Tosti en el repertorio del tenor, que interpretó dos clásicos como “Vorrei morire” y “L´ultima canzone”, siempre con amplio fiato y envidiables planísimos. La soprano tolosarra, ya con la voz más caliente, nos brindó unas exquisitas canciones de Montsalvage, donde apreciamos su canto legato en la “Canción de cuna” y donde Rubén Fernández se lució con el “Canto negro”. Finalizó la primera parte en armoniosa interpretación del dúo de Romeo y Julieta de Gounod.
 La segunda parte contó con difíciles arias, como “Tombe degli avi miei” de Lucia di Lammermoor, que aunque fue casi perfecta técnicamente, le faltó el peso característico que la voz debe poseer y aportar, resultando plana y sin carácter. Un tanto irregular en el color resultó también el “Eccomi in lieta Vesta” de I Capueti e I Montecchi. El recital finalizó por un recorrido por el repertorio de zarzuela, con “Adiós Granada”, “Carceleras” y el dúo de El Caserío, “Buenos días”. En conjunto, más cómodos en el repertorio de ópera que en el de zarzuela ambos, y con algunos “trucos” poco ortodoxos para los agudos en el caso de Ismael Jordi. Por lo demás, canto refinado y elegante en su caso, y entrega total en el escenario de Ainhoa Arteta. Todo ello sin olvidar la impecable labor de Rubén Fernández, atento en todo momento a las necesidades de los cantantes. FOTO: E.MORENO ESQUIBEL
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