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THE RAPE OF LUCRETIA LA VIOLACIÓN DE LUCRECIA Benjamin Britten (1913-1976)
Ópera en un prólogo y dos actos op. 37 (1946 revisada en 1947) Libreto de Ronald Duncan basado en la obra Le Viol de Lucrèce de André Obey
Director musical: Paul Goodwin Director de escena: Daniele Abbado Ayudante de dirección y coreógrafa: Daniela Schiavone Escenógrafo, figurinista e iluminador: Gianni Carluccio Director de Video: Luca Scarzella Ayudante del director de video: Paolo Ranieri
Coro masculino: Toby Spence Coro femenino: Violet Noorduyn Lucrecia: Monica Groop Collatinus: Matthew Rose Lucia: Ruth Rosique Bianca: Gabriella Sborgi Tarquinius: Andrew Schroeder Junios: David Rubiera
Orquesta Titular del Teatro Real Orquesta Sinfónica de Madrid
Producción del Teatro Reggio Emilia
Sobre el libreto de Ronald Duncan basado en la obra homónima de André Obey, Benjamin Britten nos deja esta maravillosa partitura. Un puesta en escena del italiano Daniele Abbado, quien afirma que “Britten excava con sinceridad en lo más profundo de la vida humana”. Con una estética sencilla, a base de proyecciones, y pocos elementos escenográficos, muy bien iluminado, nos muestra su versión sobre la tragedia. El rol de Lucrecia corrió a cargo de la mezzosoprano Monica Groop elegante en la escena y segura vocalmente al igual que el Collatinus del bajo británico Matthew Rose.
 Destacar a la joven soprano andaluza Ruth Rosique como Lucia, haciendo gala de grandes y generosos agudos, bello fraseo y timbre bello y homogéneo. Mención especial mere el coro, representado por el tenor inglés Toby Spence y la soprano neerlandesa Violet Noorduyn ambos con una musicalidad indiscutible, destacando la escena final y cierre de la ópera. El Tarquinius de Andrew Schroeder, Junios del cántabro David Rubiera y Bianca de Gabriella Sborgi estuvieron a la altura de la estupenda propuesta que nos ofreció el coliseo madrileño. La dirección musical corrió a cargo del Paul Goodwin con una orquesta reducida a quince músicos emulando así “una paleta de Kandinsky”. Y eso es lo que consiguió, color, dinamismo y belleza en la interpretación de la apreciada partitura. Una velada de aciertos en el Teatro Real a la que añadiría un único pero, solo tres funciones, una lástima no poder disfrutar durante mas tiempo un espectáculo tan bien hecho.
 


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