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AIDA EN EL PALACIO EUSKALDUNA DE BILBAO Música de Giuseppe erdi y libreto de Antonio Ghislanzoni
 REPARTO: Angela Brown, Aida; Irina Mishura, Amneris; Salvatore Licitra, Radames; Mark Delavan, Amonasro; Marco Spotti, Ramfis; Stanislav Shvets, Il Re; Marta Ubieta, la Sacerdotisa; Andeka Gorrotxategi, el Mensajero. Coro de Ópera de Bilbao Orchestra del Teatro Regio di Parma Dirección Musical, Donato Renzetti Dirección de Escena, Joseph Franconi Lee Dirección del Coro, Boris Dujin Escenografía y Figurinista, Mauro Carosi Diseño de Iluminación, Guido Levi Ballet, Carmen Roche Coreografía, Orlando Salgado Producción del Teatro Regio di Parma
Aida volvió al Euskalduna una vez más. Esta vez ABAO-OLBE eligió la Producción del Teatro Regio di Parma, firmada por Joseph Franconi Lee, con iluminación de Guido Levi, y escenografía diseñada por Mauro Carosi. La característica principal fue la riqueza en los detalles y el colorido de un ostentoso vestuario. Escenografía sin sorpresas y una iluminación poco imaginativa. Una producción donde la iconografía jugó un papel relevante y que pasó sin pena ni gloria, ya que a pesar de la ostentosidad no aportó nada interesante en el aspecto dramático ni escénico, excepto la intervención del Ballet de Carmen Roche, que animó un poco la velada. Los roles no aparecieron marcados por unos rasgos firmes, y fue el acierto o desacierto de cada uno de los intérpretes (debutantes en Bilbao los cuatro protagonistas), lo que contribuyó al desenlace más o menos acertado de las escenas. Vocalmente disfrutamos de un elenco aceptable pero sin alardes que nos cautivaran. La nota negra fue el tenor Salvatore Licitra, que aunque fue mejorando a lo largo de la representación, comenzó la ópera con un “Celeste Aida” carente de línea de canto, abusando de portamenti y con problemas de fiato.  Esta tónica se mantuvo en casi todas sus intervenciones. El Amonasro de Mark Delavan, resultó bastante más interesante, con un canto bien perfilado, cálido, aunque le faltó un poco de carácter. Irina Mishura, como Amneris, fue irregular, y le costó calentar la voz, aunque finalmente nos ofreció momentos de apreciada vocalidad, pero su personaje resultó demasiado condescendiente. Angela Brown fue una Aida poco combativa en la escena, pero de una extraordinaria dulzura vocal, sus pianissimi y su mezza voce fueron sus mejores armas. Los bajos Marco Spotti y Stanislav Shvets, a quienes escuchamos también juntos en el Rigoletto del 2006, completaron el elenco masculino, aportando seguridad y corrección. Muy destacable la intervención de Marta Ubieta como sacerdotisa, un papel poco reconocido por el público, y que la cantante bilbaína cantó con seguridad y adecuado clima interpretativo. Bueno el debut del tenor Andeka Gorrotxategi como mesaggiero. Las intervenciones del Coro de Opera de Bilbao, un poco más dubitativas de lo habitual, pero correctas en cualquier caso.
Punto y aparte para la Orchestra del Teatro Regio di Parma que, dirigida por Donato Renzetti aportó matices a la partitura de una calidad artística poco común en una partitura tan trillada. La dirección de Renzetti, más atractiva que en la del mencionado Rigoletto, fue in crescendo y nos dejó un recuerdo muy grato y sobre todo, un nivel interpretativo a destacar tanto por el empaque orquestal, como por la gran labor de cada una de las secciones, especialmente la cuerda. 


FOTOS: ABAO – E. MORENO ESQUIBEL |