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RIGOLETTO
Teatro Jovellanos, Gijón
Música de G.Verdi y libreto de F.M. Piave Elenco: Luis Cansino, Rigoletto; SvetlaKrasteva, Gilda; Israel Lozano, El Duque de Mantua; Martín Tzonev, Sparafucile; Milagros Martín, Magdalena; Román Fernández, Monterone; Virginia Vega, Giovanna; Daniel Huerta, Borsa; Manuel Lozano, Marullo; Ángel Rodríguez, Conde Ceprano; María Fdalgo, Condesa de Ceprano; Sonsoles Calero, un paje; Abel Fernández, Un ujier. Dirección Musical, Oliver Díaz Dirección de Escena, Federico Figueroa Orquesta Sinfónica de Gijón Coro de la O.S.G.I. Directora, Beatriz Suárez Idea original, Carlos Delicias Escenografía, Josune Cañas / Federico Figueroa Figurines, Filiberto Montesinos/ Azucena Rico Iluminación, David Pérez Realización vídeo y proyecciones, Carlos Lapeña / Eva Roldán Coproducción del Teatro Jovellanos de Gijón y Prodcciones Guridi S.L.
Un año más, el Teatro Jovellanos de Gijón subió a escena la ópera que todos los veranos, los aficionados gijoneses al género esperan con ansiedad. Esta vez el Título elegido fue Rigoletto, un clásico del repertorio verdiano y uno de los que forman parte de la trilogía verdiana por excelencia. La propuesta concebida por Carlos Velicias, y dirigida por Federico Figueroa, encandiló a un público abierto y receptivo, que sin lugar a dudas disfrutó, y mucho, de la velada.
 Y es que adentrarnos en el mundo de los sueños nos hace recapacitar sobre la condición humana y nos obliga a utilizar los sentidos para disfrutar de la belleza estética, y al mismo tiempo, para retorcernos con el reflejo de nuestros miedos. Y por ahí tenemos que situar la concepción de la idea y la ubicación del espacio escénico que se presentó en este Rigoletto; surrèalisme a tope, Dalí, y sobre todo mucho, mucho Magritte. El desarrollo de la escena estuvo sustentado por algunas proyecciones que dieron a la representación un tono de distinción, y por una iluminación muy acertada que creó la atmósfera ideal para poder disfrutar de la función. Dalí, que ya en 1927 mostraba inquietudes operísticas, comenzó a escribir junto con Lorca, una ópera-poema a la que titularon ÉTre Dieu. Muchos años después, en 1972 y con la ayuda esta vez de Vazquez Montalban, retomó el texto, y Milhaud se encargó de la música, de la que se puede disfrutar en formato de CD. Por tanto, el mundo de la ópera no era ajeno a Dalí, y la obra escogida para establecer estos paralelismos donde Freud parece tener algo que decirnos, es bastante adecuada. Y de esta forma, varias figuras del mundo del arte y la literatura como son Verdi, Victor Hugo, Magritte, Freud y Dalí, se ven relacionadas en un intento de comunicación en el que todos los lenguajes artísticos utilizados por personas tan aparentemente dispares, confluyen en este Rigoletto, cuyo desarrollo dramático nos hace pasar por diferentes etapas en las que podemos ver motivos implícitos o explícitos de cada uno de ellos.
 El elenco, conocido en su mayor parte en el Coliseo gijonés, estuvo a la altura. El tenor Israel Lozano, que encarnó al Duque de Mantua, pasó algunos apuros, sobre todo en la resolución de pasajes agudos, y mostró algunas carencias técnicas, pero por otro lado, enseñó una voz con carácter, de bonito timbre, y que esperemos vaya madurando en un futuro. La soprano Svetla Kastreva es ya conocida por el público en esta plaza, y es que nos ha deparado muy buenos momentos a lo largo de estos últimos años, con la interpretación de Lucia, Mimi, y Traviata, esta última el pasado año. Su fortaleza vocal, junto a su inteligencia interpretativa, son armas que domina a la perfección, y así lo demostró una vez más, esta vez como Gilda, ofreciéndonos momentos musicales de gran belleza.
 El barítono Luis Cansino, ha demostrado a lo largo de su carrera que posee una voz de gran adaptabilidad y una enorme flexibilidad. Interpretar este rol era sin duda todo un reto, ya que la exigencia vocal e interpretativa es enorme, y Cansino no sólo superó la prueba sino que demostró tener una gran resistencia vocal, ya que una de las mayores dificultades de este papel es poder llegar al final con la misma entereza con la que se comienza, y en este sentido, el resultado fue del todo positivo. Para completar el reparto, Milagros Martin, que fue una Maddalena sugerente vocal y escénicamente, el bajo Martín Tzonev como Sparafucile aportó calidad al conjunto, un interesante Monterone de Román Fernández y para terminar, las adecuadas intervenciones de la soprano Virginia Vega como Giovanna, el tenor Daniel Huerta como Borsa y el barítono Manuel Lozano como Marullo. Acompañaron el Coro de la OSGI y la propia Orquesta Sinfónica de Gijón, con su director titular al frente, Oliver Díaz, habitual ya en los veranos del Jovellanos.
 FOTOS: Cedidas por Producciones Guridi y Teatro Jovellanos. |