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Madama Butterfly Giacomo Puccini Teatro Argentino - La Plata Libreto Giuseppe Giacosa y Lluigi Illica, basada en “Madame Butterfly” de David Belasco Madama Butterfly:Eiko Senda Pinkerton: Gustavo López Manzitti Sharpless: Federico Sanguinetti Susuki: Alicia Ceccoti Goro:Ricardo Casinelli Bonzo:Ricardo Ortale Kate Pinkerton:anesa Mautner y elenco Vestuario: Stella Maris Muller Diseño escenográfico y de iluminación: Juan Carlos Greco Director de escena: Constantino Juri Orquesta y coro estable del Teatro Argentino Director de orquesta: Javier Logioia Orbe Excelente versión de “Madame Butterfly” en el Teatro Argentino
 La última representación “Madame Butterfly” a la que asistí fue el año pasado en la Opera de Los Angeles. La puesta, en esa oportunidad, fue la muy vanguardista y polémica de Robert Wilson, que muchos habrán visto ya que fue filmada y comercializada en DVD. Y en lo personal me pareció un hallazgo. En el viaje a la ciudad de La Plata me preguntaba como sería, luego de ver de obra de Wilson, asistir a la puesta – que descartaba sería absolutamente tradicional – de Constantino Juri. Una vez comenzada la función y ante la calidad global del espectáculo brindado, nada recordé de mi experiencia en Los Angeles y me sentí – como siempre ocurre delante del frágil y querible personaje de Puccini – totalmente gratificado.
 La “Madame Butterfly” presentada por el Teatro Argentino puede ser sin dudas calificada de EXCELENTE. Sala colmada y gran ovación final demuestran, una vez más, la inteligencia de las autoridades del Argentino aplicada a cada proyecto que realizan. Saber adjudicar a un proyecto los medios más idóneos que se tienen a mano es la clave del éxito que caracteriza a esta gestión del teatro. La parte musical y vocal fue la columna vertebral de esta producción. El maestro Javier Logioia Orbe a cargo de la Orquesta estable del Argentino brindó una vibrante versión de la partitura. La orquesta sonó afinada y con excelente volumen, pero nunca tapando a los cantantes y siempre estuvo presente el refinado sonido creado por Puccini.
 También fue excelente el trabajo del Coro estable, con especial lucimiento en el "coro a bocca chiusa". La parte vocal fue dominada por la soprano japonesa Eiko Senda, quien inició su carrera en Japón, siguió luego en Sao Paulo, Brasil y en la actualidad está radicada la ciudad de Montevideo, Uruguay. Lo primero que sorprende en ella es su altura y su porte, que la separan totalmente de la idea tradicional de Cio- Cio-San. Su voz, Lírico – Spinto, de excelente volumen, tampoco pareció ser de gran ayuda en un primer acto donde tanto por la escritura pucciniana como por la edad que debe representar todo lleva a una idea de liviandad. Pero la soprano supo sortear estas dificultades gracias a sus muy buenas dotes de actriz y a su excelente técnica de canto. En los actos restantes sus condiciones se plegaron plenamente a la partitura y su estatura actoral fue creciendo logrando un final desgarrador, totalmente creíble. Es musical, tiene excelente afinación y matices vocales que enriquecieron su prestación. Sin duda una “Butterfly” de nivel internacional.
 Gustavo López Manzitti (Pinkerton) confirmó con su actuación la repercusión que tienen sus presentaciones a nivel internacional. Su bello timbre, excelente afinación y muy segura técnica vocal, sumados a su prestancia escénica y desenvoltura como actor, lograron una gran prestación. Si lograra algo más de brillo en su sector agudo su carrera en los grandes teatros del mundo sería una realidad. Federico Sanguinetti (Sharpless) tuvo un muy buen desempeño vocal y fue absolutamente conmovedor en sus duetos con “Butterfly” del segundo y tercer acto. Alicia Ceccoti brindó una muy buena Susuki lo mismo que Ricardo Casinelli como Goro, demostrando que, cuando se es realmente un artista, se puede suplir una voz que ya no está en su plenitud con una excelente dicción, intención al decir y reconocidas dotes de actor. Ricardo Ortale (Bonzo) impresionó muy favorablemente en su corto papel. Y muy correcto el resto del elenco. El aspecto visual y teatral fue la parte más objetable de esta versión. La escenografía de Juan Carlos Greco tuvo momentos de belleza, pero nunca terminó de definir un estilo. Desde la casita de Cio- Cio- San totalmente realista y casi infantil, hasta los laterales sensiblemente más contemporáneos y minimalistas. Pero en general fue funcional y decorativa. El vestuario de Stella Maris Muller no resiste mucho análisis. Creo que partió de una idea de actualizar, de “aggiornar”, pero se quedó solamente en un intento. En el primer acto los kimonos en colores plenos, simplificados en su diseño, fueron demasiado estridentes y poco creibles. Lo mismo que la aparición de “Butterfly” en kimono totalmente blanco y estilo “novia”, poco de acuerdo con la tradición japonesa. Como tampoco resulta entendible el maquillaje de Cio- Cio-San, cargado de purpurina, totalmente fuera de época y lugar. El movimiento escénico a cargo de Constantino Juri fue – como era previsible – conservador y sin ideas destacables. El desplazamiento de los cantantes y el coro fue correcto. Dentro de ese contexto parece no tener sentido las proyecciones del último acto con un gran ojo sangrando lágrimas, anunciando el final de “Butterfly”. Pero, apoyado en la calidad musical y vocal y el por momentos agradable nivel visual, el espectáculo funcionó en forma integral y las ovaciones finales fueron más que merecidas.
 En lo personal creo que una versión minimalista de “Madame Butterfly”, respetando al compositor, potencia el drama planteado por Puccini y logra emocionar mucho más que cualquier puesta tradicional con reminiscencias a postal japonesa de los 40. El drama en sí es tan potente que no necesita un entorno folclórico. De todas formas presenciamos otro paso adelante en la excelente temporada del Teatro Argentino, solo esperamos que logren, para el resto de la misma, mantener la calidad artística alcanzada en los títulos brindados hasta la fecha. |