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LA OPERA DE TRES CENTAVOS Texto de Bertold Brecht y música de Kart Weill, 1928, basado en The Beggar´s Opera de John Gay y Pepusch, escrita en 1728 Feria de Teatro en el Sur, Palma del Río, Córdoba Proyecto de Atalaya, en colaboración con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucia Actores: Jerónimo Arenal, Joaquin Galán, Aurora Casado, Sario Téllez, Manuel Asensio, Sonia Gómez, Rebaca Torres. Músicos: Carlos J. Carvajal, Pelagio Forcada, Javier Mora, Luis Navarro, Olga Franco, Oriol Boixader, Steffano de Rubbo.
 Entre los días 2 y 6 de Julio se ha celebrado en Palma del Río, provincia de Córdoba, España, la Feria de Teatro en el Sur, donde se dejó un hueco para esta obra. Es de agradecer, ya que muy a menudo, solemos olvidar que géneros como la Ópera, la Zarzuela, el Musical, y otros géneros de Teatro Musical, quedan excluidos de este tipo de encuentros. Y al mismo tiempo que fue un acierto la programación de esta obra, no puedo dejar de poner objeciones al esfuerzo, que sin duda alguna se reflejó en el escenario, de la Compañía Atalaya, quien el pasado año estrenó esta obra y con la que hasta ahora, ha cosechado grandes éxitos. No puedo por menos que hacer una reflexión de a qué es debido este éxito y se me ocurren varias ideas, algunas de las cuales quisiera que fueran fruto solamente de mi imaginación. Por un lado, el pensar que el público que asiste a este tipo de espectáculos no tiene una formación artística y al contemplar esta producción, de tratamiento sencillo y musicalmente mediocre, disfruta por encontrarse con un género de teatro musical, que tiene raíces en el cabaret, mucho más asequible en su formato que la ópera o la Zarzuela. Otro de los motivos es que la obra ocupa un rato, no excesivamente largo, de su tiempo de ocio, sin más cuestionamientos críticos ni artísticos. Ambos supuestos son aceptables y muy respetables. Pero existe una tercera opción que es de extrema gravedad para el género, ¿hemos perdido criterio artístico?, o es tal el desconocimiento de la relación entre Bertold Brecht y Kart Weill que no somos capaces de percibir la falta de sustancia teatral y musical que esta exposición de Atalaya nos ofrece? No deja de tener algunos aciertos, como la creación obligada del distanciamiento del público con la acción, que más que acierto es una obligación, pero el tratamiento escénico resultó incoherente, ya que pasó constantemente de la sobreactuación al tratamiento plano de la acción, una pena, ya que los elementos escénicos empleados podían recoger bien las intenciones de la pareja Brecht – Weill, para plasmar ese trasfondo político subyacente en la Alemania nazi de los años 20. En cuanto al tratamiento de la parte musical, este hizo agua por todas partes, ya que la pequeña orquesta no fue capaz de poner el ritmo en su sitio, ese contratiempo que subyace en el ritmo de la obra, no se apreció, ni el ragtime, ni el jazz, ni el tango, ni el fox – trot. Fue algo soporífero que contribuyó al aburrimiento extremo, y tal distanciamiento creó en el público, que obligó a más de uno a abandonar la sala. Y bien está considerar que la obra tiene un gran peso teatral, pero no debemos olvidar, que su inspiración proviene de la ópera The Beggar´s ópera o La ópera del mendigo del dramaturgo inglés John Gay y música de Pepusch, en 1728, donde las costumbres musicales de la época se respetan, aunque Gay y Pepusch introduzcan algunas novedades.
 Pero la vulgaridad que Weill trata de subrayar en La ópera de tres centavos, con timbres precisos y deformaciones rítmicas supuso en este caso un verdadero castigo para los oídos, y dudo mucho que fuera por una cuestión de intención sino que la calidad musical estuvo muy lejos del mínimo requerido para semejante acometimiento. Las voces, en fin, son actores que cantan, y algo se les puede perdonar, pero no todo…Lo peor del caso es que esta Compañía ha tenido un gran éxito con esta obra, ¿porqué?, ¿porque tiene una tradición que la avala?, ¿Porque recibe subvenciones públicas y no se puede concebir que algo realizado con dinero público sea mediocre? Dejo espacio para la reflexión, tanto de artistas como de de políticos, enidades culturales, como el Instituto Nacional para las Artes escénicas y la Música (INAEM) y Administraciones públicas. Quizá sea hora de ir renovándose y dejar paso a los más jóvenes, que llegan con propuestas interesantes y de calidad, con aires frescos y una buena formación. Quizá tengamos que poner ya las cosas en su sitio.
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