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CAVALLERIA RUSTICANA
TEATRO REAL 15-02-2007
PIETRO MASCAGNI (1863-1945) Libreto de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido Menasci, basado en el drama homónimo de Giovanni Verga.
REPARTO Santuzza: Violeta Urmana Turiddu: Vincenzo La Scola Mamma Lucia: Viorica Cortez Alfil: Marco Di Felice Lola: Dragana Jugovic
EQUIPO ARTÍSTICO Director musical: Jesús López Cobos Director de escena: Giancarlo del Monaco Director del coro: Jordi Casas Bayer Escenógrafo: Johannes Leiacker Figurinista: Birgit Wentsch Iluminador: Wolfgang von Zoubek
I PAGLIACCI
TEATRO REAL 15-02-2007
RUGGERO LEONCAVALLO (1857-1919) Libreto del compositor
REPARTO Canio: Vladimir Galouzine Nedda: María Bayo Prólogo/ Tonio: Carlo Guelfi Beppe: Antonio Gandía Silvio: Ángel Ódena Dos campesinos: David Rubiera, Guzmán Hernando Un fotógrafo: Javier del Real
EQUIPO ARTÍSTICO Director musical:Jesús López Cobos Director de escena: Giancarlo del Monaco Director del coro: Jordi Casas Bayer Escenógrafo: Johannes Leiacker Figurinista: Birgit Wentsch Iluminador: Wolfgang von Zoubek
 Como bien apuntan las notas de prensa del Real, Cavalleria rusticana e I pagliacci forman una pareja inseparable, hoy ya clásica, como ejemplos del verismo italiano. Estrenada en el Teatro Constanzi de Roma el 17 de mayo de 1890, la obra de Mascagni es un vibrante melodrama basado en la novela homónima de Giovanni Verga -autor naturalista italiano muy popular en la época- sobre una historia de amor y celos en el campo siciliano. Para su joven autor supuso la consagración al obtener el primer premio en el concurso convocado por la editorial Sonzogno para fomentar a nuevos autores. La ópera de Leoncavallo, por su parte, se basa en un hecho real ocurrido en Cantabria, un crimen pasional en el seno de una compañía de cómicos ambulantes que fue juzgado por el padre del compositor. Fue estrenada en el Teatro dal Verme de Milán el 21 de mayo de 1892 bajo la dirección de Arturo Toscanini, y alcanzó, asimismo, una imperecedera popularidad. Prólogo de Pagliacci da paso a Cavalleria Rusticana, para terminar tras un descanso con I Pagliacci. Este fue el orden elegido para su propuesta por el director Gian Carlo del Mónaco, conocido ya de este teatro por su Bohéme y Simon Boccanegra. Así, el barítono italiano Carlo Guelfi fue quien, de un modo cercano, cruzando el del patio de butacas, nos desarrollara el bello Prólogo de I Pagliacci con una voz potente y segura. Se levanta el telón y nos adentramos en la frialdad de una estenografía toda blanca que simula una cantera de mármol en contraste con el negro del vestuario. Sobriedad y simetría son los calificativos con que definiría la dirección escénica en Cavalleria.
 En cuanto a la parte vocal, Santuzza corrió a cargo de la soprano lituana Violeta Urmana. Una vez más, hace alarde de la belleza de su voz, su potencia, su amplia extensión y sus grandes dotes interpretativas. El tenor Vincenzo la Scola encarnó el rol de Turiddu quien supo sobrellevar y llevar a su terreno los problemas vocales que este tipo de repertorio acusan a su voz. Alfio fue Marco di Felice enérgico. Viorica Cortez fue la perfecta Mamma Lucia cerrando el primer título con un desgarrador "Hanno ammazzato compare Turiddu”. Comienza Pagliacci, un camión se lleva la gran piedra de mármol con el cadáver de Tiriddu ante la mirada de todo un pueblo que espera ansioso la llegada de los cómicos ambulantes. El tenor ruso Vladimir Galouzine, de quien ya pudimos disfrutar en Turandot, fue impresionante, verdaderamente impresionante tanto vocal como escénicamente en el rol de Canio. Agudos seguros y brillantes y una voz bella y aterciopelada, un color verdaderamente baritonal. Sin duda los aplausos y bravos más acalorados del público fueron para, me reitero, su impresionante intervención. Nedda corrió a cargo de María Bayo, quien sinceramente se ha enfrentado a un rol impropio a su vocalidad y en ocasiones se mostró sobreactuada en lo que a interpretación se refiere. Tonio fue Carlo Guelfi quien continúo en la misma línea del Prólogo potente y seguro. Antonio Gandía fue un Beppe entrañable y de bella voz. Ángel Ódena encarnó un Silvio correcto e igualmente correctos estuvieron los dos campesinos de David Rubiera y Guzmán Hernando. Hacer un guiño a la divertida interpretación “actoral” de Javier del Real como un fotógrafo (parecía un profesional de las cámaras, ¿lo será?). Una vez más la batuta estuvo en manos del maestro Jesús López Cobos quien supo sacar lo mejor de la Orquesta en estas dos bellas partituras. Mención especial merece la excelente labor del coro dirigido por Jordi Casas Bayer. Una bella propuesta del Teatro Real y en definitiva bellos resultados.

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