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L´ELISIR D´ AMORE Teatro Serantes de Santurce
Música de Gaetano Donizetti y libreto de Felice Romani Basada en “El filtro” de Eugène Scribe
Reparto: Edgardo Zayas, Nemorino; Mihaela Dinu, Adina; Michele Govi, Belcore; Giancarlo Tosi, Dulcamara; Roberta Mattelli, Giannetta.
Dirección musical, Chris Nance Dirección de escena, Roberta Mattelli Escenografía, La Bottega Fantastica, Alfredo Troisi
 La última producción de Opera 2001, de la que pudimos disfrutar en el Teatro Serantes de Santurce, sorprendió por la concepción escénica. Roberta Mattelli diseñó un cuento, convirtió a los personajes en gnomos y el escenario en un bosque, con duendes incluidos. Hasta un gran oso, muy bien conseguido por cierto, acompañó al charlatán Dulcamara, que fue transformado en una especie de sabio – hechicero elaborador de pócimas mágicas. La caracterización de los personajes, el vestuario y los complementos fue muy acertada en general. Echamos en falta un planteamiento del diseño de luces un poco más sustancioso ya que resultó monótono y muy plano.
En el apartado vocal hubo de todo. La soprano Mihaela Dinu realizó una labor extraordinaria en el papel de Adina y su interpretación fue a más a lo largo de la noche. Agudos seguros y una voz controlada en todos los registros, aunque evidentemente más cómoda en la zona aguda, consiguieron que el nivel de la noche se mantuviera a buena altura. El bajo Giancarlo Tosi bordó su papel, haciendo que todos los presentes disfrutáramos de tan hilarante y complejo rol. Respondió bien el barítono italiano Michelle Govi, que interpretó a Belcore, aunque a su intervención le faltó un poco más de entrega escénica y tensión dramática. El punto negro lo puso el tenor puertorriqueño Edgardo Zoyas, cuya labor resultó ser bastante deficiente, con graves problemas de fiato y de apoyo del sonido.
 La parte musical a cargo de la Orquesta Sinfónica de Pleven fue un poco irregular. En algún momento descuidada e inexpresiva, y con problemas de concertación que Chris Nance intentó resolver de la mejor forma, imprimiendo ritmo y consiguiendo el mayor dinamismo posible en el conjunto.
El resultado de la conjunción de todos los elementos fue una velada agradable de la que todos los presentes disfrutamos y que debería servir de muestra y ejemplo para otros teatros y otros públicos, porque es prueba de que también hay producciones menos grandiosas que las de los grandes teatros de ópera y plazas más modestas que pueden conseguir resultados muy satisfactorios si se aúnan esfuerzos.
FOTOS: Cedidas por Opera 2001 
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