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LA BOHEME – G. Puccini Libreto Giuseppe Giacosa y Luigi Illica Versión para orquesta reducida de Mario Parenti
Teatro Avenida – Buenos Aires – Argentina 07/09/06
Mimí: Soledad Espona Rodolfo: Norberto Fernández Musetta: Laura Polverini Marcello: Gustavo Zahnstecher Schaunard: Fernando Santiago Colline: Marcelo Otegui y elenco Dirección musical: Carlos Calleja Régie: Oscar Barney Finn Escenografía: Emilio Basaldúa Vestuario: Mini Zuccheri Iluminación: Leandra Rodriguez Dirección del coro: Miguel Pesce Dirección del coro de niños: Susana E. Galimberti
 Los amantes de la Opera en Buenos Aires tuvieron en los últimos 10 meses la oportunidad de poder asistir a 3 versiones distintas de “La Boheme”. Fue el título que cerró la temporada del año anterior en el teatro Argentino de la Plata, con una muy buena versión, y también, el que abrió la temporada del Teatro Colón con una excelente versión, de esas que uno guarda por tiempo en el recuerdo. Y en estos días Juventus Lyrica nos ofrece - como tercer título de su temporada anual - nuevamente “La Boheme”. De ninguna manera diría que la puesta del cineasta Oscar Barney Finn es una puesta moderna. La idea es que toda la obra transcurra en un set de filmación, donde se filma una versión de la inmortal obra de Puccini. Pero fue totalmente tradicional en cuanto al desarrollo de la acción dramática. Primero, no parece nada original que un director de cine elija, para poner en escena “Boheme”, un set cinematográfico. La puesta toda indica que más que adentrarse en el rico mundo de Puccini prefirió llevar este a su terreno, donde tal vez se sienta más seguro. El escenario estuvo sensiblemente reducido debido a dos pantallas laterales que dejaban para los cantantes solo un pequeño triángulo, proyectándose en dichas pantallas escenas de Paris. En que puede contribuir a la fuerte historia dramática de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica una gran cantidad de camarógrafos, maquilladores, asistentes, caminado constantemente por el escenario, etc? Es lícito que habiendo comenzado a cantar Marcello sea molestado por la “maquilladora” para efectuarle retoques? Sin dudar la puesta quita toda magia y emoción a la obra. Aunque veo muy interesante la incorporación a la Opera de gente de otras disciplinas, no creo que en este caso fuera productivo. Desde Musetta vestida de negro para el segundo acto al coro, también de negro, y reducido a un costado e inmóvil, como un coro griego en el mismo acto, hasta Mimí muriendo sentada o los cortes de personajes y/o de partes musicales, todo lleva a pensar en la poca validez de esta versión. Como tampoco agregó nada darle un toque de cabaret en una obra que está en las totalmente alejada del mismo.
Algunos momentos literalmente arruinaron escenas fundamentales. Al principio del dramático tercer acto poder ver claramente a “tramoyistas” subidos a una parrilla tirando “nieve” con sus manos genera sinceramente más de una sonrisa y no es lo lógico para ese momento de la representación. Podríamos seguir comentando así detalle por detalle pero no creo que merezca la pena. Puccini – como cualquier otro compositor – debe ser respetado. Nadie como él ha facilitado la labor del Director de escena poniendo en la partitura hasta los más pequeños detalles. Sin dudas hubiera sido provechoso tener estas notas presentes al momento de generar esta nueva puesta. Pero como en todas la puestas siempre existe algo positivo para destacar. La misma tiene unidad del principio al fin. Aquí no se ve - como en otros casos - ideas sueltas aplicadas descolgadamente a una puesta . La idea original tiene un desarrollo completo a través de la obra y esto tiene especial valor. De la misma forma es muy buena la marcación actoral de los cantantes. El joven y homogéneo grupo actúa con gran soltura y logra hacer creíble cada una de las escenas, aunque el contexto no acompañe.
 Desde el punto de vista musical, la Orquesta dirigida por Carlos Calleja, lució con sonido poco compacto, algunas desafinaciones y – tal vez contagiado con la puesta - carente de emoción. Tampoco el Coro tuvo una intervención lucida. Pálida fue tu intervención en el segundo acto. El vestuario de Mini Zuccheri fue de líneas muy simples y bastante impersonal. Del lado de los cantantes fueron las voces femeninas las que sacaron mayor rédito. La soprano Soledad Espona posee una excelente voz de soprano lírica con un bello timbre. Es afinada y canta con buen gusto y delicados matices. Tal vez por su falta de experiencia fue una de las más afectadas con la carencia de emoción de la puesta. Pero tiene material y sensibilidad como para forjarse una excelente carrera. Laura Polverini compuso una deliciosa Musetta. Su voz tiene buen volumen, agradable timbre y es una cantante afinada. Fue muy buena su composición del papel y brindó un excelente segundo acto a pesar de lo poco brillante de la puesta, especialmente en ese acto. Fue sensual o pícara cuando el papel lo requería y convincentemente dramática en el último acto. Norberto Fernández como Rodolfo mejoró largamente en lo actoral sus presentaciones anteriores brindando un personaje sumamente creíble. En lo vocal, mostró – como de costumbre - un timbre rico en armónicos, excelente volumen y un canto apasionado, pero sus problemas con el sector agudo siguen siendo su talón de Aquiles. Sus agudos totalmente reducidos en volumen, emitidos con mucho esfuerzo y con la impostación totalmente atrás deben ser trabajados arduamente ya que su voz y su disposición lo justifican plenamente. Muy bueno el Colline de Marcelo Otegui. Cantó su aria con notoria dignidad y su bella voz y su afinación lucieron ampliamente en toda la representación. Correcto el resto del elenco. Es difícil aceptar un Puccini donde la emoción y la magia se muestren totalmente ausentes.
Creo que es bien aplicable una frase de Henry F. Amiel (1821-1881), :"No sabiendo hacer lo bueno, hacen lo nuevo...." o más castizamente, “zapatero a tus zapatos”. 
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