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“ANDREA CHÉNIER”. Umberto Giordano (Nueva producción escénica) Drama de ambiente histórico en dos actos y cuatro cuadros. Libreto de LUIGI ILLICA Teatro Argentino (La Plata) – Sala Alberto Ginastera – 14/07/06
Brillante Versión de la Opera de Giordano en el Teatro Argentino de La Plata
 Andrea Chénier: Gustavo López Manzitti Carlo Gérard: Luis Gaeta Maddalena di Coigny: María Pía Piscitelli La Contessa do Coigny: Vanesa Tomas La mulata Bersi: Alejandra Malvino Madelon: Lucila Ramos Mañé Un “incredibile”: Gabriel Centeno Roucher: Alejandro Meerapfel Mathieu: Oreste Chlopecki Il romanziero (Pietro Fleville): Norberto Marcos L’abate: Daniel Zuppa Schmidt: Marcos Nicastro Fouquier Tinville: Federico Sanguinetti Dumas: Mauricio Thibaud Il maestro di casa: Leonardo Palma
Dirección de Orquesta: Mario Perusso Director escénico: Eduardo Rodríguez Arguibel Iluminación: Esteban Ivanec Orquesta y Coro Estables Director del Coro: Miguel Martínez Diseño escenográfico: Daniel Feijoo Vestuario: Producción Teatro Colón (supervisión Eduardo Caldirola)
 Continuando con la excelente Temporada que está brindando el Teatro Argentino de La Plata, se estrenó ayer “Andrea Chénier” (28 de marzo de 1896, Teatro alla Scala, Milán) de Umberto Giordano. Sin dudas es la obra más popular del compositor y por su importante rol para tenor dramático fue una pieza muy frecuentada en el repertorio de grandes tenores del pasado (especialmente Corelli y Del Mónaco) y atrajo, de la misma manera, a algunos más contemporáneos como Domingo y Carreras. Incluso Pavarotti la debutó en el Metropolitan de NY cuando ya contaba con más de 60 años. Esto demuestra que es un gran papel y una tentación abordarlo, para los tenores con las condiciones vocales necesarias.
El resto de sus doce óperas no corrieron la misma suerte y muchas de ellas están totalmente olvidadas. Sin embargo, la decisión de la gran soprano Mirella Freni, de despedirse de su brillante carrera brindando funciones en los principales teatros del mundo con “Fedora” (17.11.1898 Teatro Lirico, Milan), logró la atención de este otro excelente trabajo de Giordano. El Teatro Colón tuvo la oportunidad de poder apreciarla unos años atrás. Y unos pocos teatros (principalmente europeos) pudieron disfrutar la versión de “Madame Sans Gêne “(25.1.1915 Metropolitan Opera, New York), también interpretada por Freni, finalizando su carrera.
Andrea Chénier es una típica obra del período “verista” y haber tenido a Luigi Illica como libretista (habitual colaborador de Puccini), jerarquizó indudablemente la labor del compositor. El poeta André Chénier – protagonista de la obra – fue un personaje real. Su obra poética fue conocida luego de su muerte. Y aunque la mayoría del resto de los personajes parten de la imaginación de Illica, la trama no presenta fisuras y se convierte en un interesante fresco de la Revolución Francesa. Se trata de una obra de gran inspiración musical con muchos pasajes realmente conmovedores, arias y dúos de fuerte efecto dramático y una muy bien llevada trama teatral. Mario Perusso, especialista en verismo, brindó una muy buena versión orquestal, que fue creciendo a medida que transcurrían los cuadros, llegando a un excelente nivel musical en los dos últimos. El primer cuadro pareció carecer de la fuerza musical necesaria. Pero como un todo la Orquesta sonó afinada, con buen estilo y volumen y siempre el maestro trató (y generalmente logró) balancear el volumen del foso con las voces.
 Rodríguez Arguibel generó un planteo escénico tradicional, respetando el texto de Illica. Fue muy buena su marcación de actores, logrando en particular una sustancial mejora (con respecto a títulos anteriores) en la actuación de Gustavo López Manzitti. El primer cuadro – tal vez por el diseño escenográfico – dio poco lugar a la expansión revolucionaria. Pero, en contraposición, el bastante despojado último cuadro potenció la fuerza y el dramatismo de una de los más hermosos dúos de la ópera italiana. El desplazamiento de la masa coral fue siempre fluido y ayudó al ritmo de la acción. El diseño escenográfico de Daniel Feijoo tuvo buen nivel estético y una apropiada realización. El resto funcionó sin fisuras, teniendo la guillotina como elemento preponderante en cada cuadro. Tanto en lo visual como en lo funcional los dos últimos cuadros fueron los más logrados, con una iluminación siempre adecuada.
Correcto y en estilo el vestuario, Producción del Teatro Colón, supervisado por Eduardo Caldirola. Gustavo López Manzitti (Chénier) cantó con gran afinación, excelente línea de canto, y presentó una zona aguda libre y mucho más firme que en presentaciones anteriores. Tal vez su timbre de voz no sea el más adecuado para el papel, pero la calidad y prolijidad de su canto, sumados a su entrega, generaron un trabajo para recordar. Su carrera internacional parece adelantar en forma importante. Totalmente merecido. La soprano italiana María Pía Piscitelli brindó una excelente Maddalena. En lo personal, creo que fue la mejor prestación de la cantante en nuestro país. De excelente figura, le imprimió a su papel la clase que el mismo requiere. Hermoso timbre de voz, afinada y pasional. Y con muy buenos recursos actorales. Su “La mamma morta” fue un punto de los más altos dentro de la representación, lo mismo que el magnífico dúo final. El barítono Luis Gaeta mostró el profesionalismo a que siempre nos tiene acostumbrados. Aquí también podemos añorar una voz más dramática para Gérard. En realidad, todo el elenco fue algo más lírico que lo tradicional, pero por esa misma causa todo ensambló en beneficio del producto final. Sus dotes de actor estuvieron presentes como de costumbre y su personaje fue constantemente creíble y gravitó positivamente en cada escena.
 Excelente el trabajo del Coro Estable. Del resto del numeroso elenco cabe destacar los trabajos de Alejandra Malvino (mulata Bersi), Alejandro Meerapfel (Roucher) y la conmovedora Madelon de Lucila Ramos Mañé. Los menoriosos recordarán a una gran mezzo que lograba una creación exquisita de Madelon, me refiero a la Sra Luisa Bartoletti, quien la cantó en el Teatro Colón, pocos años antes de su retiro. Una de esas creaciones que, por suerte, nunca abandonarán nuestra memoria. Al fin de la función, el maestro Perusso presentó un sencillo y emotivo homenaje a la última soprano que había encarnado Maddalena en el Teatro Argentino (1968), la recordada cantante argentina Luisa Sofía. Fue un grato y emocionado momento. En suma, un importante esfuerzo del Teatro Argentino largamente justificado por el excelente nivel de la versión y una óptima oportunidad de presenciar una gran ópera, no demasiado frecuentada por los escenarios líricos.
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