“Escenas para el Réquien de Mozart”(en memoria de Azelio Polo) 
Solistas: Cecilia Layseca (soprano) María Inés Franco (contralto) Carlos Ullán (tenor) Luciano Garay (Bajo)
Maestro concertador y director de orquesta: Eduardo Vallejo Idea, argumento y puesta en escena: Eduardo Casullo Diseño de Vestuario: Mariela Daga Coreografía: Gabriela Moyano Maestro de Luces: Adrián Castagnino Caracterización: José Daniel Menossi, Alexis Maldonado Cantoría Lugano y Orquesta Grupo de ballet, actores y figurantesDiseño de imagen en portada: Azelio Polo  La labor de un Director de escena es “recrear” una obra existente. Es volver a dar vida según su propio criterio y estética. En este caso en particular Eduardo Casullo, partiendo de una idea propia, generó un argumento para el Réquien de Mozart. La apuesta es sin dudas riesgosa y el resultado desparejo, pero el arte le da derecho a asumir esta libertad como creador.
La idea puede parecer extraña en un primer momento, sin embargo, a medida que nos adentramos en la trama acompañados por la magnífica música de Mozart el espectáculo genera una fuerza inusitada y la trama ideada – tal vez por su incuestionable actualidad – justifican rapidamente esta creación.
El pequeño escenario del hermoso teatro Margarita Xirgu no facilita, de manera alguna, el desarrollo de la trama como tampoco aporta a la misma la carencia de subtítulos. La idea central narra las desventuras de un niño de la calle quien pasa su vida pidiendo sin encontrar nunca solidaridad en el contexto en que se mueve, venciendo finalmente a la muerte en su resurrección final, el momento de más onda belleza visual de la representación. Tal vez porque lo niños de la calle constituyen un problema social para gran parte de Latinoamérica la obra genera un impacto certero e inmediato. No todos los cuadros están resueltos con la misma habilidad y estética y la música, que funciona como incidental, no siempre está de acuerdo con la acción propuesta.
 La parte musical mantuvo un nivel de corrección a lo largo de la representación. Por supuesto que los niveles de actuación exigidos para solistas y coro fue en desmedro del producto musical final. Pero la entrega personal y la pasión puesta al servicio de la obra por todo el grupo compensó con crecer el nivel musical. Eduardo Vallejo a cargo de la Cantoría Lugano y Orquesta condujo con solvencia . La orquesta de solamente 26 instrumentistas sonó ajustada y con adecuado volumen. Buen trabajo del cuarteto solista donde se destacó claramente Luciano Garay, aunque la parte sea algo grave para sus condiciones vocales actuales, siempre sobresalió por entrega, calidad de canto y belleza de timbre. En suma, un espectáculo con altibajos pero donde la entrega puesta de manifiesto por todos los que han participado supera barreras y logra momentos de emoción genuina. |