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Il Trovatore Teatro Argentino de la Plata 12/04/2006
Opera en dos actos y ocho cuadros con libreto de Salvatore Cammarano, basado en la tragedia española homónima de Antonio García Gutiérrez. Música de Giuseppe Verdi.
RepartoManrico, Carlos Duarte ; Leonora, Maria Jose Siri ; El Conde de Luna, Omar Carrión ; Azucena, Maria Luján Mirabelli ; Ferrando, Carlos Esquivel ; Inés, Alla Avetisian ; Ruiz, Pablo Skrt ; Un gitano, Leonardo Palma ; Un mensajero, Ricardo Franco. Orquesta y Coro estables del Teatro Argentino
Director de Orquesta : Dante Anzolini Director escénico y diseñador escenográfico : Marcelo Perusso Director de coro invitado : Miguel Martínez Diseño de Vestuario : Stella Maris Müller Diseño de Iluminación : Marcelo Perusso – Rubén Fages – Lautaro García Rey Jefe Musical de Escenario (int) : Luis Clemente Asistente de Dirección Escénica : María Concepción Perre Asistente de Dirección de Coro : Florencia Rodríguez Botti
 Sin dudas que Giuseppe Verdi (1813 – 1901) encontró durante el período comprendido entre 1850 y 1853 un vuelo creativo insuperable. Con su inconfundible y maravilloso sello en la trilogía Rigoletto, Il Trovatore y La Traviata inició una nueva etapa en la escritura musical y en el tratamiento dramático que sus óperas adquirieron. En definitiva sus partituras abrieron las estructuras rígidas de la Opera Romántica Italiana e imprimieron a los personajes perfiles tan humanos como nobles. Il trovatore fue aclamada en su estreno en el Teatro Apollo de Roma el 19 de enero de 1853, por lo que a partir de allí comenzó su recorrida triunfal por las salas más importantes del mundo hasta nuestros días. Una puesta tradicional con altibajos
Il Trovatore en el Teatro Argentino de La Plata 12 de Abril, una versión con algunas fisuras vocales, orquestales y con una puesta con momentos para recordar...
Desde el comienzo la puesta contó con una estructura que oficiaba como escalera de piedra, que durante toda la obra impidió ver claras las transiciones escénicas, no se lograba pasar de una escena a otra sin que esa escalera dominara la atención y fuera por tanto rompiendo el trabajo que se quiso lograr de transportar al espectador de una atmosfera a otra, le quitó magia a la puesta en escena, que salvando este elemento tuvo momentos de gloria, como el final con unos fuegos simulados en el fondo que nada tenían que envidiar a la mejor de las producciones de Hollywood, así mismo el final del primer acto fue una escena inolvidable con todos los soldados en posición, algunos por el suelo y en líneas generales se compuso un cuadro muy bello que impacto a los presentes...
La iluminación fue muy mala, provocaba constantemente sombras en los rostros de los cantantes, y no permitió lucir elementos o momentos puntuales, sólo fue buena cuando todas las luces se encendieron en el final del primer acto, y cuando todo confabuló para que el final de la obra fuera perfecto, que lo fue.
Los movimientos escénicos se vieron algo lentos y por momentos torpes, talves los cantantes tenían miedo de tropesar y caer con las raíces que surgían del suelo - en medio de la baja iluminación imperante en gran parte de la obra- podría haber complicado mucho las cosas, la superficie irregular de la escalera también dificultó los movimientos...
 La dirección musical fue por momentos correcta y por momentos no tan buena, el maestro Dante Anzolini tuvo grandes pasajes frente a una orquesta que sonaba muy bien teniendo en cuenta que el diapasón parecía encontrarse algo por debajo de la forma en que se utiliza normalmente, y eso dió lugar a un sonido más cálido y más acertado para con el espíritu de la obra y su compositor. Problemas surgieron en el terceto del Conde Luna, Manrico y Leonora, la orquesta y los cantantes fueron por partes diferentes, encontrándose apenas al final del mismo, para dar un final que logro evitar el desastre. Parecía como si la orquesta fuera siempre por detrás del maestro y por tanto por detrás de los cantantes. Se notaba por parte de Anzolini la voluntad de acompañar a los cantantes, pero no siempre obtuvo buenos resultados.
Los cantantes lograron lucirse en gran parte de la obra pese a tener en contra parte del vestuario, escenografía y por momentos la orquesta, la soprano Maria Jose Siri hizo gala de una voz particular y notoriamente internacional, con un sonido completo que hizo recordar las mejores voces que recorren el mundo lírico actual, su actuación fue también la más notoria de la obra, y si no fuera por la peluca roja que insistía en querer caerse, esas raíces y esa escalera que dificultaba la movilidad, seguramente habríamos visto un mejor desempeño. En la zona aguda -y como viene sucediendo a esta artista desde hace mucho tiempo- continúa acusando problemas resolutivos, los sobre agudos aún no se liberan todo lo que deberían, quedando tensos, lo que opaca tan buen trabajo vocal. Sabemos igualmente que estamos ante uno de los mayores exponentes de la lírica que pueden verse en un teatro argentino.
El Tenor Carlos Duarte, se aprecia mucho mejor en grabaciones que en vivo, su voz es hermosa y tiene un timbre que corre por toda la sala, por momentos algunas notas tenían algo de aire y no terminaban de ser lo claras que seguramente podrían ser, creemos que su voz aún podría recorrer otros caminos antes de afirmarse en un Trovatore, talves debería aún recorrer el camino de varios Rigolettos y Toscas, y porque no, alguna Boheme, pero creemos que a Duarte todavía le falta madurez tanto escénica como vocal para enfrentar un Trovatore, las inflexiones vocales mostraron que aún se siente inseguro para el rol por el peso vocal que este requiere, escénicamente expuso su falta de confianza y seguridad vocal y requirió una constante fuerza física para enfrentar determinados pasajes que le resultaron difíciles, se encontraba ante un rol muy particular como lo es el de Manrico, papel que bien supo manejar a nivel de actuación su compatriota Jose Cura, y que en este caso para ver a Manrico había que cerrar los ojos, lo que no quita mérito a una voz muy bella que cumplió perfectamente con un rol exigente. La vestuarista debería haberle hecho lucir más varonil y apuesto durante toda la obra, ese cinturón cruzando por su cintura y empujando su vientre hacia afuera, no le favoreció y seguramente es parte de la constante lucha de los registas y vestuaristas contra los cantantes entrados en kilos, ignorando las necesidades particulares de cada uno de ellos, sin estos cantantes entrados en kilos sus puestas serian una obra de teatro y no una Opera, en la Opera aquello que prima son los cantantes por sobre todas las cosas, que la vestuarista Stella Maris Müller trate de no olvidarlo para la próxima puesta y que el regista Perusso no lo permita, ¿ si el 90% de los buenos cantantes son gorditos porque empeñarse en el fitness operístico y en ropas que no van acordes ?...
Omar Carrión como el conde de Luna tuvo momentos muy buenos, su voz se luce, tiene fuerza y volúmen y su actuación fue convincente.
Azucena que fue encarnada por la mezzosoprano Maria Luján Mirabelli quien tuvo gran presencia escénica, aunque por su natural belleza parecía más la hermana de Manrico que su "madre", unas canas más habrían ayudado y es que por momentos veíamos más una Carmen en sus mejores años que una Azucena...Su voz fue firme y clara durante toda la obra, con algunas inflexiones poco agradables en la zona grave del registro, su voz caía al pecho provocando un sonido como decíamos poco agradable, el resto de su actuación fue excelente.
Ferrando encarnado por Carlos Esquivel, e Inés encarnado por Alla Avetisián, estuvieron correctos, Alla por momentos mostró inseguridad vocal, creemos que tiene mucho más para dar. Mención aparte merece la entrada en escena demasiado temprana de Pablo Skrt como Ruiz en la escena que precede la famosa aria "Di quella pira...", la entrada de Ruiz resultó por momentos graciosa, pues tuvo que bajar y subir las escaleras para poder cumplir su cometido de dar el aviso a Manrico, parecía por momentos que miraba a los protagonistas cantar como queriendo decir « ¿cuando terminarán, que hago, subo, bajo, espero otro poco? », cumplió luego con su cometido correctamente.
 El coro que estuvo a cargo de Miguel Martinez, se salvó por la participación de la cuerda femenina que además de haber hecho un buen papel, tuvieron un momento muy mágico cuando cantaron detrás de bambalinas, en aquel momento casi parecía una grabación, los hombres desafinaron en más de una ocasión y por momentos hasta podría afirmar que gritaron.
Finalmente podemos decir que se disfrutó de una obra con altibajos, que dejó ver la complejidad de una Opera, un espectáculo en vivo con decenas de artistas en escena y con la más alta necesidad de sincronía y profesionalismo...
Felicitamos al Teatro Argentino de la Plata por su apuesta tradicional que fuera de ser segura implica un reto mayor que las actuales puestas supuestamente « vanguardistas », estas puestas tradicionales mantienen viva la Opera y nos permiten disfrutar de las obras casi como su autor lo hubiera querido... |