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IDOMENEO Autor: Wolfang Amadeus Mozart. Intérpretes: Bruce Ford, Kristine Jepson, María Bayo, Alexandra Deshorties, Francisco Vas, Eduardo Santamaría y Kwangchul Youn. Coro y orquesta del Liceu. Dirección musical: Sebastian Weigle. Dirección escénica: Nicolas Brieger. Escenografía: Hans-Dieter Schaal. Vestuario: Jorge Jara. Iluminación: Alexander Koppelmann. Producción: Festivales de Pascua de Viena y Klangbogen. Lugar y fecha: Gran Teatre del Liceu (22/03/2006).
 Tinglado escénico Cara y cruz en el regreso por quinta vez en la historia del Liceu (la última data de la temporada 1991-92) de Idomeneo, obra que Mozart escribió con apenas 25 años. Una edad que para otros compositores significa plena juventud y que para el genio austriaco sin embargo fue de madurez, dado que llevaba ya casi veinte años componiendo.
En la representación del día 22 de Marzo de 2006 (séptima) el apartado más positivo correspondió a la vertiente musical, con una dirección fantástica de Sebastián Weigle, inspiradísimo desde el foso y haciendo sonar la orquesta de un modo soberbio, sin desajustes ni fisuras, alcanzando momentos de verdadero lujo instrumental con un sonido brillante pleno de matices. Así lo apreció el respetable, quien reconoció su excepcional labor con la batuta con una ovación mayúscula, tanto en el entreacto como al final del espectáculo.
 El elenco vocal rayó también a gran altura. El veterano Bruce Ford cantó con elegancia el papel protagonista, mostrando en todo momento una sólida técnica y correcto fraseo. La soprano española María Bayo (Ilia) hizo gala de un gran refinamiento y dominio absoluto del estilo mozartiano, proyectando la voz de manera asombrosa pese, todo hay que decirlo, verse afectada por un horrendo vestuario.
En su debut en el Liceu, la mezzosoprano americana Kristine Jepson, con un gran sentido musical, dio vida a una Idamante convincente y segura gracias a unas notables prestaciones vocales.
La soprano canadiense Alexandra Deshorties –que sustituía a una indispuesta Regina Shörg-, salvó con suma dignidad las endiabladas arias que ha de lidiar Elettra, de igual manera que hicieron los tenores españoles Francisco Vas, que ejecutó su complicado rol de Arbace con enorme eficacia, y Eduardo Santamaría ofreciendo un persuasivo Gran Sacerdote de Neptuno. No olvidamos la magnífica respuesta del coro, que estuvo mejor que en títulos precedentes.
Tal y como viene sucediendo últimamente, la parte menos afortunada del montaje resultó la vertiente escénica, firmada por el director aleman Nicolás Brieger, quien en su afán de actualizar el drama mozartiano a nuestros días logra crear sobre el escenario un tinglado de dimensiones colosales.
Fotografías: Antoni Bofill






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