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Ambrosio o la Fábula del Mal Amor, de José Antonio Guzmán, se presenta como ópera en el Teatro del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
A dieciséis años de su estreno como obra de teatro musical, José Antonio Guzmán reelaboró su obra Ambrosio o La Fábula del Mal Amor para re-estrenarla como ópera en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México los días 7, 9 y 12 de febrero.
Una propuesta particularmente ecléctica que nos recuerda en ocasiones al Teatro Clásico Español, a la Pastorela Mexicana, a Richard Strauss en Ariadne auf Naxos, a Sergei Prokofiev en Betrothal in a Monastery o inclusive al teatro de cabaret, se basa en la obra The Monk del escritor inglés Matthew Lewis, obra esta última que aparece por primera vez en 1796.
En Ambrosio se destacan aspectos como el pecado, en especial la lujuria; el pacto con el demonio, los bajos instintos, la violación, el incesto y la inquisición, pero todo manejado de forma divertida y satírica. Guzmán combina elementos musicales barrocos, contemporáneos y populares para lograr una mezcla lúdica donde se escuchan tanto ecos de Monteverdi como los acordes de un danzón. La orquesta bajo la batuta del maestro Eduardo García Barrios presenta una distribución a la manera del barroco “monteverdiano” solo que en lugar de instrumentos antiguos tenemos una batería alta de alientos (incluido un saxofón), una guitarra y un clavicémbalo.
La época, la Colonia en Nueva España: 1697. Todo comienza con una procesión soberbia que aparece desde la audiencia y se introduce a la escena, donde se mezclan tanto las fanfarrias como los coros y un vestuario por demás notable. Desfilan los personajes y los símbolos como los siete pecados capitales. Tras un sermón de Ambrosio (Alfredo Portilla, tenor) de advertencia y prevención por el pecado, aparece el demonio disfrazado (Rosendo Flores, bajo) donde declara su intención de corromper al monje Ambrosio. Tal amenaza se cumple a través de una diablesa, Matilde-Esteban (Olivia Gorra, soprano) quien también disfrazada se logra introducir hasta el lugar de Ambrosio y seducirlo. Previamente Ambrosio ha confesado y condenado a la monja Inés de Medina (Irasema Terrazas, soprano), de quien sospecha la abadesa (Héctor Sosa, contratenor) por su entrega a Gabriel (Óscar de la Torre, tenor).
Posteriormente, en el segundo acto, Ambrosio intenta seducir a Antonia (Rosa Elvira Sierra, soprano) en sus habitaciones, situación que impide Elvira (Amelia Sierra, soprano) su madre, a quien el monje asesina y Antonia queda dormida, como muerta, bajo los influjos de un brebaje preparado por las fuerzas del mal y suministrado por Flora (Gabriela Thierry, mezzosoprano).
El acto final se presenta en las catacumbas del convento donde Antonia ha de ser enterrada y al despertar esta se encuentra con Matilde y Ambrosio quien posee a Antonia desmayada. El acto es denunciado ante la santa inquisición y ante su perdición Ambrosio hace un pacto con el diablo quien le informa que a quien ha poseído es su hermana y a quien ha matado es su madre. Todo termina en la Plaza Central de la Ciudad de México donde se lleva a cabo el Auto de Fe donde los pecadores han de ser sacrificados, espectáculo que Ambrosio, Matilde y el demonio disfrutan desde las torres de catedral. Para finalizar se incluye una escena que me ha parecido por demás excedida, de mal gusto y fuera de lugar, donde surgen el demonio con una máscara de Bush y Ambrosio vestido de presidente, entendemos que mexicano, tomados de la mano.
Con todo y este final, el público reaccionó favorablemente hacia este singular espectáculo.
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