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“Il re pastore” en Bruselas. 28 de enero.
 El Teatro de La Moneda tampoco ha dudado en sumarse a los fastos del “Año Mozart”, programando varios títulos de su autoría. Aquí, además de las archiconocidos títulos del genio de Salzburgo, se repusó en esta temporada la producción estrenada en 2002 de “Il re pastore”, una obra pocas veces frecuentada en los grandes teatros. Cuatro son las óperas de Mozart con que el coliseo belga le rinde particular homenaje en este ciclo, iniciando en la apertura el pasado septiembre con Die Zauberflöte, prosiguiendo en noviembre con La clemeza di Tito, y ya en enero la nueva producción de “Così fan tutte”, estrenada la semana pasada y que se intercalada con la que aquí nos ocupa. Además diversos espectáculos, charlas, conferencias en torno al compositor se han presentado o se tendrán lugar en este semestre. ¡Mozartmanía!
Aminta, el joven pastor al que se refiere el título que lleva la obra, fue encomendado a la soprano Annette Dasch, que no desaprovechó ni una sola de sus lucidas intervenciones para lanzar los fulgores de su voz, de timbre bello y agilidades seguras, al extasiado público. Alessandro, el gran macedonio, estuvo encarnado por el tenor Bruce Ford, que se encuentra en buena forma vocal, dejando claro por qué en su momento, antes del fenómeno Flórez, era considerado como uno de los grandes tenores lírico-ligeros. La facilidad con la que parece cantar el peruano es lo que hace la diferencia con otros tenores de sus características , incluido Ford. Otro latinoamericano, el joven tenor Juan José Lopera, de Colombia, también tiene esa facilidad en el registro más agudo, emitidos con brillo y caudal sonoro homogéneo. El papel que representó, Agenore, le reportó muchos aplausos en sus dos arias. La soprano italiana Rafaella Milanesi, una cantante de atractiva voz y fuerte personalidad, también participó, como Tamiri, de la fiesta vocal que Mozart proporcionó a los solistas con esta partitura. La joven Silvia Colombini , soprano ligera, debutaba en la plaza como la coprotagonista de la historia – Elisa, la poseedora del amor del pastor Aminta – , y los nervios le traicionaron en el final del aria de entrada, fallando el agudo final de la misma, inconveniente que le pasaría factura en los aplausos finales, a pesar que después del entreacto mostró su valía en la segunda de sus intervenciones. La orquesta estuvo dirigida correctamente por Enrique Mazzola, que permitió a los cantantes pequeñas concesiones en los ataques finales de sus arias. La regia del francés Vincent Boussard fue muy sencilla, escenografía única y un par de elementos de atrezzo, apoyada en la utilización de la sala de butacas, con entradas y salidas de los solitas hacia ella, de los balcones de proscenio y el estilizado barroco de los figurines del famoso modista de haute couture Christian Lacroix. Visualmente bellas cada una de las escenas, aunque acusó monotonía en algunos momentos. |