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jueves, 28 agosto 2008 |
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Julián Gayarre (1844-1890)
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Written by Enrique Peláez Doctor en Historia del Arte
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Tal vez sea Gayarre uno de los mejores tenores españoles de todos los tiempos. Sin embargo, es de lamentar que no haya habido grabaciones que dejasen su voz plasmada para la posteridad.
Sebastián Julián Gayarre nació en Roncal (Navarra) un 9 de Enero de 1844. Su padre decidió, cuando aún era un niño, que sería pastor y lo envió con un grupo de convecinos a la sierra de los Pirineos para cuidar las ovejas, por motivos de salud y por la influencia de su madre, vuelve a su ciudad natal y comienza a trabajar en una herrería con el fin de empezar a aportar dinero a la precaria economía familiar. No obstante su trabajo, saca tiempo para poder cantar y aprender en el Orfeón Pamplonés. Esta situación, aparentemente sin salida, que posiblemente hubiese determinado la vida del tenor, se rompe cuando Conrado García, a la sazón dirección del Orfeón Pamplonés, presenta a Gayarre a Hilarión Eslava, quien pronto ve las grandes cualidades del joven y le insta a que se presente para una beca en el Real Conservatorio de Madrid. Los mismos vecinos, entusiasmados con la noticia, realizan una colecta para buscar fondos con los que costearle el viaje. Gayarre consigue la beca y se queda estudiando en Madrid de la mano del mismo Hilarión Eslava que le animó en ese camino.
Todo parecía decidido en la segunda mitad de la década de los sesenta del siglo XIX, Gayarre incluso se lanza a cantar en algunas obras como corista de zarzuela bajo el pseudónimo de Sebastián Sandoval (ya que la pensión en el conservatorio le prohibía cantar en los lugares públicos por dinero) y obtener así algún dinero que completase su escasa pensión. Sin embargo los estudios finalizan y él no tiene contratos serios, con lo que derrotado decide abandonar el canto y volver a su Navarra natal. Otra vez serán los miembros del Orfeón Pamplonés, quienes apostando decididamente por su voz, le pagan un viaje a Italia para que se presente a una beca en el conservatorio de Milán. Lo hace y obtiene la beca. Como en Italia no estaba prohibido el ejercicio profesional del canto con los estudios, intentará compaginar las dos cosas con el fin de poder subsistir en aquel país. De esta manera, 1869 será no sólo la fecha del comienzo de sus estudios con Francesco Lamperti, sino también la fecha de su debut oficial interpretando el papel de Alvino en I lombardi en el teatro Varese. Después de este estreno, nada sería igual, Gayarre es llamado por muchos teatros, primero los de Milán, (I masnadieri en el Teatro Carcano en 1870); más tarde los de Italia (Il guarani de Gomes en el Teatro Apolo de Roma en 1871) y después por toda Europa (Lucia di Lammermoor en San Petesburgo durante la temporada de 1873). Como se puede observar el éxito del artista fue meteórico. Las siguientes dos décadas así lo atestiguan. Estrenos en el Real de Madrid, en la Scala de Milan... París, Mónaco, Lisboa... Sitios en donde la prensa de la época lo aclama y comenta sus virtudes considerándolo uno de los mejores tenores de todos los tiempos. Llegados a este punto es difícil dilucidar dónde están las críticas objetivas y dónde se encuentra la idealización posterior del cantante. Es difícil, máxime cuando no quedan registros sonoros, separar la voz del tenor, del mito que se formó alrededor de su figura, es una tarea prácticamente imposible. Comentarios como “la mejor representación que se vio en la historia en el Real de Madrid o en la Scala” no sabríamos decir hoy por hoy, si eran verdaderas afirmaciones reflejadas tras escuchar una voz única o mera mitología. El mismo Gayarre se lamentaba (o así se dice de él) de que el pintor dejaba sus cuadros para la posteridad, el escultor sus mármoles, el escritor sus libros... pero ¿qué podía dejar él? Cuando la historia se acabase, se acababa para siempre... Y así fue: la noche del 8 de Diciembre de 1889, Gayarre intentó infructuosamente resolver el Do agudo de la Romanza de los pescadores. No pudo. Miró al publico y exclamó: ¡Esto se acabó! Veinticuatro días después el tenor moría. Era un 2 de enero de 1890. Hablar de las características de la voz de Gayarre es siempre arriesgado, no obstante hay características en las que todo el mundo coincidió en su tiempo. Se trataba de una voz de formato medio, muy grata tímbricamente y muy maleable a cualquier tipo de circunstancia. Posiblemente no era tan extensa como la de otros tenores, pero tal y como señalaba la soprano Gemma Bellincioni, era capaz de provocar en el oyente una conmoción única. En cualquier caso, su voz ya es leyenda, como lo son los numerosos rumores que han ido circulando con el tiempo sobre la existencia de grabaciones, de pequeños fragmentos grabados en láminas de plata... En cualquier caso éstos, si llegaron a existir alguna vez, hoy por hoy, se puede afirmar que se han perdido.
La información que presentamos ha sido obtenida de la siguiente bibliografía: - Martín de Segarmínaga, Joaquín, Diccionario de cantantes líricos españoles, Acento editorial, Madrid, 1997
- Hernández Guirbal, Francisco, Cien cantantes españoles de ópera y zarzuela, Ediciones Lira, Madrid, 1994
- VV.AA, La gran ópera, Barcelona, Planeta Agostini, 1991
- VV.AA, La gran ópera paso a paso, Madrid, Club internacional del libro, 1990
- VV.AA, La ópera, Barcelona, Salvat, 1989
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