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TRAVIATA Artistas: Violetta, Sonia de Munk; Alfredo Germont, Javier Palacios; Giorgio Germont, Javier Galán; Flora, Alicia Berri; Gastone, Andrés Veramendi; Dottore, Jaime Carrasco; Annina, Joana Thomé; Barone Douphol, David Arilla; Giuseppe, José Marino; Marchese D ´Aubigny, Arnulfo Ramirez; Domestico, Ignacio Lezcano; Comisario, Pablo Rossi-Rodino. Dirección Musical: Pascual Osa Dirección de escena: Carlos Fernández de Castro Orquesta Filarmonía Coro Orfeón Filarmónico Director Orfeón: Sergio Kullhman Teatro Bulevar. Madrid, 27/12/2005 ORIGINAL ELECCIÓN Concierto escenificado o versión operística semiescenificada…la elección de Carlos Fernández de Castro para la Traviata del 27 de diciembre, fue cuando menos curiosa. Nos encontramos a todos los personajes caracterizados y situados en su entorno dependiendo del momento. En cada una de las escenas había elementos decorativos y luces que nos adentraban adecuadamente en la acción y el lugar precisos. El coro se mantuvo estático durante toda la ópera, haciendo sus apariciones en los momentos necesarios y cantando en la parte trasera del escenario con un vestuario que intentaba no romper el ambiente festivo que representaba sus intervenciones. La opción fue aceptada por el público que aplaudió enérgicamente al final de la velada, pero hubo ciertos aspectos que no acabaron de encajar. El cambio de escena al descubierto, sin telón, es una práctica ya admitida por todos, pero el hecho de que las escenas se sucedieran con tal rapidez que no diera tiempo a cubrir con una tela negra la parte de escenario que no se usaba, es decir las escenas sin coro, antes de que los protagonistas comenzaran sus intervenciones, fue cuando menos cuestionable.
El elenco elegido para la ocasión fue bastante desigual. Los papeles protagonistas estuvieron muy por encima del resto del reparto. Violetta, quien iba a ser interpretado por la soprano Amparo Navarro, fue sustituida por enfermedad por Sonia de Munk. Sus intervenciones fueron brillantes en todo momento, cantando con refinado gusto, y manteniendo una línea coherente durante los tres actos, difícil de conseguir debido a la gran dificultad del papel. Sonia de Munk supo ir moldeando su personaje hasta el final y sólo podríamos achacar un poco más de peso dramático en las últimas escenas. Junto a ella destacó el Alfredo del tenor Javier Palacios, pasional y entregado, con poderosa voz y un timbre poco habitual en el rol, mucho más en consonancia con el papel que otros Alfredos descafeinados a los que nos tienen habituados desgraciadamente los teatros. Su presencia en el escenario y su voz llenaron todo el espacio otorgando ese toque de garra y presencia que siempre encandila al público. Su padre en escena, Giorgio Germont, representado por el barítono Javier Galán, ofreció seguridad en el canto, pero a su personaje le faltó vida. A pesar de mostrar regularidad y seguridad sus frases fueron inexpresivas, quizá porque el rol no se adecua a sus cualidades vocales.
Del resto de los cantantes que secundaban el reparto nos quedamos con la intervención del tenor peruano Andrés Veramendi como Gastone. El Coro Orfeón Filarmónico, bajo la dirección de Sergio Kullhman, ofreció escaso volumen pero estuvo correcto en sus intervenciones. La Orquesta Filarmonía también se mostró escasa de volumen en algunos momentos, y fueron las voces quienes sobresalían de forma clara sobrepasando con creces la orquesta. La dirección estuvo a cargo de Pascual Osa, que estuvo pendiente en todo momento de lo que sucedía tanto en el foso como en el escenario, cuidando a músicos y cantantes. A pesar de todo existieron algunos desajustes de “tempi” a lo largo de la noche, sobre todo en el último acto. Aun así, el aplauso del público y la ovación fueron unánimes, siendo evidente que la función resultó atractiva y atrayente. Esperemos que este hecho sirva de precedente, ya que era la primera vez que el Teatro Bulevar acogía un espectáculo de estas características.
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