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Un apetitoso banquete para los amantes de Puccini y la Opera en general.
LA BOHEME – G. Puccini Libreto Giuseppe Giacosa y Luigi Illica Teatro Argentino – La Plata – Argentina 23/12/05
Mimí: Patricia González Rodolfo: Carlos Vittori Musetta: Eleonora SanchoMarcello: Federico Sanguinetti Schaunard: Norberto Marcos Colline: Carlos Esquivel y elenco
Diseño escenográfico: Marcelo Perusso Vestuario: Teatro Argentino – Adaptación: María Victoria WeberDiseño de iluminación: Esteban Ivanec Director escénico: Eduardo Rodríguez Arguibel Orquesta y coro estables – Director de Orquesta: Mario Perusso
Con muy buen criterio el Teatro Argentino programó “La Bohème” – último espectáculo de la temporada – como homenaje al centenario de la histórica visita de Puccini a Buenos Aires. Fue estrenada en Argentina el mismo año que en Italia (1896) y además, fue la primera de sus óperas que el maestro presenció en su recordada visita, en el desaparecido Teatro de la Opera. El homenaje también contó con una mesa redonda sobre los días del maestro de Lucca. en Buenos Aires y una atractiva muestra con material periodístico y fotográfico del acontecimiento. Sin dudas, un apetitoso banquete para los amantes de Puccini y la Opera en general. Debido la cancelación por parte del Teatro Colón de Turandot, programada como homenaje al gran maestro italiano, el evento del Argentino se constituyó en el único recuerdo relevante sobre centenario de su viaje a la Argentina, invitado especialmente por el periódico “La Prensa”. La versión presentada tuvo muy buen nivel en general, alcanzando momentos de genuina calidad. El maestro Mario Perusso , estudioso de la obra de Puccini y Presidente de la Asociación Giácomo Puccini de la República Argentina, de reciente formación, dirigió una versión de marcado lirismo y muy alta calidad expresiva. Tal vez algo menos de volumen en algunos pasajes hubiera favorecido el trabajo de los cantantes. El Director Escénico, Rodríguez Arguibel, encaró una puesta absolutamente tradicional. Esta decisión es plausible y en estos tiempos, de tantas innovaciones innecesarias, hasta bienvenida. Pero por momentos pareció desconocer el texto en profundidad, contradiciendo al compositor y sus libretistas. No parece lógico que Musetta aparezca en el último acto vestida con el mismo traje que en el tercero, luego del diálogo mantenido por Marcello y Rodolfo, segundos antes de su entrada. Tampoco fue un recurso lógico que Marcello y Musetta tuvieran contacto físico desde la entrada de esta última, dejando totalmente sin efecto ni sentido el maravilloso “gag” del zapato. Ni se puede justificar la efectista salida de Mimí y Rodolfo, al final del primer acto, hacia el Café Momus por la terraza (?) o el Coro de niños sentado en plena calle en el duro invierno parisino, durante gran parte del segundo acto. Creo que desde que los teatros cuentan con subtítulos, y permiten a los espectadores entender cada palabra que se está cantando, los directores de escena tienen que tener muy claro el texto, paso a paso, compás a compás. Y esto se acentúa si, como en este caso, se decide hacer una puesta tradicional. De gran nivel estético y muy funcional la escenografía, aunque se vio poco favorecida por un elemental diseño de iluminación. Correcto, y por momentos atractivo, el vestuario. Un grupo homogéneos de cantantes jóvenes y con muy buen dominio escénico fue, sin dudas, parte importante del éxito de la versión.
La soprano Patricia González abordó Mimí con muy buenos medios vocales, buen volumen y dicción clara. Tal vez un timbre algo menos metálico, y en definitiva, más afín con el personaje, hubiera favorecido su logro general.
El tenor Carlos Vittori (Rodolfo) posee una voz de buen volumen, rica en armónicos y de muy buena proyección. Cantó con musicalidad y buen gusto. En el primer acto su voz perdía algo de volumen al acercarse al sector agudo, pero este problema se fue solucionando a partir del segundo acto. Es además un excelente actor. Eleonora Sancho (Musetta) mostró buena línea de canto, timbre cristalino y buena musicalidad, encarando el personaje en forma más prudente que lo habitual, no cayendo en estereotipos. El barítono uruguayo Federico Sanguinetti dotó a su Marcello de una fuerte presencia escénica, muy desenvuelto como actor y de voz potente con buena afinación. Carlos Esquivel fue un muy digno Colline y vertió su aria con muy sentidos matices, recibiendo una importante ovación. Norberto Marcos ( Schaunard)sigue mostrando su crecimiento y es un cantante con futuro. Correcto el resto del elenco y los coros. El público presente premió con fuertes aplausos esta función, merecido homenaje para el maestro Puccini y la imborrable huella de su paso por Buenos Aires. |