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RIGOLETTO 3/12/2005 PALACIO EUSKALDUNA, BILBAO
Reparto: Roman Mayboroda, Rigoletto; Minerva Moliner, Gilda; Andrei Romanenko, Il ducca di Mantova; Boni Carrillo, Sparafucile; Leticia Rodríguez, Magdalena; Soledad Pedrosa, Giovanna y Contesta di Ceprano; Juanjo Navarro, Monterone; Fernando Piqueras, Marullo; Antonio Sala, Borsa; Víctor Cabeza, Conte di Ceprano; Gemma García, paje. Orquesta y Coro Ciutat de Torrent Dirección artística y musical: José Fabra Catalá Dirección escénica, escenografía e iluminación: Juan José Granda Director de Coro: Amadeo Lloris Producción del Auditorio Torrent y Sona Producciones, con la colaboración del Institut Valencià de la Música. RIGOLETTO DE NOTA EN BILBAO El pasado 3 de diciembre el Palacio Euskalduna de Bilbao acogió la única representación de Rigoletto que la compañía Opera Nova realiza en Bilbao dentro de su gira nacional. El espectáculo ha sido promovido por Baskongress y la producción tiene el sello de José Fabra Catalá en la Dirección artística y musical. El público de Bilbao está acostumbrado a las grandes producciones ofrecidas dentro del marco de la temporada estable que hay en la ciudad, con más de 50 años de historia. Las producciones que nos ofrecen cuentan habitualmente con voces y directores de amplia experiencia y reconocimiento mundial. Por este motivo, las exigencias en el Palacio Euskalduna siempre son grandes y los bilbaínos no se conforman fácilmente. Cualquier espectáculo operístico que se programe debe tener la solidez suficiente y contar con la exigida calidad para no defraudar. En esta ocasión el público salió de la sala satisfecho y con sus expectativas cumplidas.
El elenco de artistas elegido fue en líneas generales acertado, desde los papeles más pequeños hasta los solistas, pero con algunas desigualdades vocales.
La Gilda de la soprano Minerva Moliner sobresalió notablemente dentro de los papeles protagonistas. Minerva nos entusiasmó con una voz clara, limpia, con un color y un timbre que encajan a la perfección con el papel de una joven muchacha. A lo largo de la noche pudimos disfrutar de su voz, no sólo en los momentos de mayor lucimiento como la famosa aria “Caro nome che il mio cor”, sino también junto a sus compañeros. Destacó así el dúo con el tenor “Addio, addio speranza ed anima” que precede a la citada aria, el dúo con el barítono en el primer acto “Figlia! Mio padre” y también toda la escena final del segundo acto que incluye el aria “Tutte la feste al tempio”, y por supuesto, el maravilloso cuarteto del tercer acto “Un di se ben rammentomi”.
El Rigoletto del barítono Roman Mayboroda mostró una voz vigorosa y adecuada, pero un poco irregular a lo largo de la noche, descuidando algunos pasajes y forzando la emisión. Mayboroda formó una buena pareja junto a Minerva, y supo entregarse al público, aunque echamos en falta algo más de caracterización del personaje de Rigoletto. El tenor Andrei Romanenko, como Il Ducca , fue la decepción de la noche. Romanenko posee una bonita voz, pero de escaso volumen e inadecuada proyección. La gran dificultad con el idioma se vio reflejada en una dicción muy deficiente, junto con una técnica de dudosa calidad, lo que hizo que se le escuchara con una calidad inferior a la de los demás protagonistas, a pesar de que demostró gran extensión en el registro agudo sorprendiéndonos con un re natural en dos ocasiones: al final del dúo “Addio, addio speranza ed anima” y en la cabaletta “Possente amor mi Chiama” del primer y segundo acto respectivamente. Muy lejos de defraudar estuvo el bajo Boni Carrillo en el papel de Sparafucile. Su voz profunda y hermosa, y con poderosos graves, encandiló al público desde el comienzo.
El papel de Maddalena fue interpretado por la mezzosoprano Leticia Rodríguez. La mezzo, clave en la escena del tercer acto, estuvo resuelta en el escenario y, aunque no mostró demasiado volumen, cumplió vocalmente. El resto del reparto: la mezzo Soledad Pedrosa, doblando papel como Giovanna y Condesa Ceprano; los barítonos Juanjo Navarro, Monterone; Fernando Piqueras, Marullo; Antonio Sala, Borsa; el bajo Víctor Cabezas, Conde Ceprano; y Gemma García como paje, secundaron bien vocal y escénicamente. De entre todos ellos nos quedamos con la excepcional voz de Fernando Piqueras como Marullo, y la espectacular voz, de un color bellísimo de la mezzo Soledad Pedrosa. El Coro Ciutat de Torrent acompañó bien y sonó empastado, resultando solvente y deleitando al público en sus intervenciones. La Orquesta Ciutat de Torrent sonó con un volumen que llenó de sobra todo el espacio del gran auditorio, a pesar de contar con una plantilla no demasiado grande en esta ocasión. El sonido fue bueno en general, aunque en determinados momentos José Fabra, director titular y al frente de los músicos, no consiguió compenetrarse lo suficiente con ellos, lo que dio como resultado la falta de emotividad en algunos pasajes. La escenografía, a cargo de Juan José Granda, fue bastante extraña, utilizando elementos que simulaban una arquitectura sobria y sencilla, y que no eran acordes con el vestuario que se situaba en siglos anteriores, mucho más vistoso y colorido.
El resultado final de la conjunción de todos los elementos fue una noche en la que el público disfrutó de un espectáculo digno de un teatro como el Euskalduna y así lo demostró premiando con largos aplausos. |