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VALLADOLID, 2/12/2005 TEATRO CALDERÓN. COSÍ FAN TUTTE Fiordiligi, Amparo Navarro; Dorabella, Svetlana Bassova; Ferrando, Javier Agulló; Guglielmo, Vicente Antequera; Despina, Sonia de Punk; Don Alfonso, Iván García. Orquesta Filarmonía. Coro Eurolírica. Dirección de escena: Gustavo Tambascio Dirección musical: Pascual Osa UNA VELADA DE CONJUNTO El Teatro Calderón de Valladolid abrió su programación operística el pasado 2 de diciembre con la ópera Cosí fan tutte. Es la ópera donde el amor, las pasiones, la fidelidad y el deseo son plasmados de la forma más clara y directa posible. El dúo Mozart – Da Ponte ya había comenzado a tratar este tema en Le nozze di Figaro y había seguido con D.Giovanni, pero encuentra en este libreto el máximo de su expresión. El presupuesto con el que se contó para escribir esta obra fue más reducido que en las anteriores, por eso Mozart debió concentrar todo lo que quería transmitir utilizando menos personajes y exigencias escénicas. Es muy sugerente y aclara mucho el concepto de esta aparente ópera bufa en dos actos su subtítulo: La scuola degli amanti. Da Ponte, colaborador de Mozart en los dos títulos citados y precedentes al que nos ocupa, consiguió junto con Mozart una conjunción de música y texto en la que la amargura y el drama de los amantes se convierte en resignación, aceptación y disfrute de la vida. Y es precisamente en los números de conjunto donde esta conjunción se consigue con mayor fortuna.
En la representación que escuchamos fueron precisamente estos momentos los triunfadores de la noche. Ni una sola de las arias de los solistas tuvo el impacto y la fuerza suficiente para arrancar los aplausos del público, que sólo premió tímidamente el “Come scoglio inmoto resta” de Amparo Navarro en el rol de Fiordiligi. A pesar de existir numerosas arias de gran dificultad y conocidas por todos, como “Un aura amorosa”, “Una donna quindici anni”, “É amore un ladroncillo”, “Smanie implacabili che m´agitate” entre otras, ninguno de los cantantes consiguió llegar al público, que se mantuvo muy frío durante toda la velada.
 Amparo Navarro como Fiordiligi mostró una voz contenida y controlada en su justa medida así como dúctil, dos características imprescindibles para abordar este rol tan exigente vocalmente. Su voz posee fuerza, pero supo dominarla y adaptarla en cada momento con elegante musicalidad. La voz de la mezzo Svetlana Bassova, Dorabella, es de un agradable color, redonda y aterciopelada y sonó muy empastada con la de Fiordiligi. Aun así, carecía de la agilidad suficiente para afrontar las coloraturas exigidas y pasó verdaderas dificultades sobre todo en su primer aria “Smanie implacabili che m´agitate”. El papel de Ferrando fue interpretado por Javier Agulló quien, pese a poseer una voz dulce y de bonito timbre que sonó muy bien en los números de conjunto, no consiguió en ninguna de sus dos arias la flexibilidad suficiente para que su voz fuera lo suficientemente expresiva y comunicativa. El Guglielmo de Vicente Antequera enseñó una voz irregular, de escaso volumen y no siempre bien proyectada, aunque en escena se movió e interpretó con gran soltura consiguiendo las sonrisas del público. El bajo Iván García dotó a la escena de gran agilidad y un particular toque de humor respondiendo también vocalmente. La Despina de Sonia de Munk estuvo de sobra a la altura de sus colegas femeninas, encarando un rol que requiere dotes vocales tanto como actorales y no defraudó en ninguno de los dos aspectos, cantando con voz clara, intención y conocimiento de su personaje. El cuarteto vocal del Coro Eurolírica formado por la soprano Carmen Márquez, la contralto Pilar Macías, el tenor Pablo Rossi-Rodino y el barítono Jaime Carrasco realizó bien su cometido en las pocas ocasiones en las que intervienen.
 La escena estuvo a cargo de Gustavo Tambascio, y optó por una escasez de elementos en el escenario. La escena estuvo siempre acompañada por telas que simbolizaban adecuadamente los diferentes momentos. La iluminación fue básica pero correcta. La Orquesta Filarmonía, bajo la batuta de Pascual Osa, su director titular, sonó bien, acoplada y obedeciendo sus indicaciones. Pascual Osa imprimió a la partitura un ritmo ágil, consiguiendo de forma extraordinaria que no hubiera en ningún momento caídas de tensión, algo frecuente en obras con recitativos. Aun así, dio gran libertad a los cantantes en los momentos de los recitativos secos con clave, pero mantuvo los tiempos firmes en el resto.
Fotos cedidas por el Teatro Calderón. |