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Autores: Giuseppe Verdi sobre libreto de F.M. Piave, basado en un drama de W.Shakespeare. Intérpretes: Carlos Álvarez (Macbeth), Tatiana Anisimova (Lady Macbeth), Stefano Palatchi (Banquo), Alejandro Roy (Macduff), Luis María Pacetti (Malcolm), Marcella Polidori (Una dama de Compañía), Damián del Castillo (Un sicario), Lourdes López, Victoria Aviles y Damián del Castillo (tres apariciones), Antonio Torres (Criado de Macbeth y Médico). Coro de Ópera de Málaga. Director del Coro: Francisco Heredia. Orquesta Filarmónica de Málaga. Dirección Musical: Daniel Lipton. Producción: Teatro Comunale de Módena. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Ivo Guerra sobre original de Giancarlo Cobelli. Coreografía y trabajo mímico de actores: Lydia Biondi. Teatro Cervantes de Málaga (26/10/2005). De hechizado por las brujas podemos catalogar al Macbeth, que pudimos disfrutar en Málaga.
Con las entradas agotadas hacía semanas, Carlos Álvarez se reencontraba con su público en una producción fuera de lo común para la línea del teatro Cervantes, especialmente en el plano escénico que posteriormente comentaremos. Además cabe el hecho de destacar que gracias a la Fundación Carlos Álvarez pudimos disfrutar de una tercera representación, por primera vez en Málaga, aunque como decía las tres funciones estaban llenas hasta el paraíso. Estuvo embrujado porque en tres funciones se pudo disfrutar o sufrir -según como se mire- de tres intérpretes de Macbeth distintos, después de que el barítono malagueño cancelara las funciones del viernes y el domingo, por una laringitis. Así se sucedieron primero el yugoslavo Nikolai Mijialovic, aclamado por el público pero pobre en el nivel escénico y solvente en el plano vocal, y en la función del domingo cantó el mexicano Genaro Sulvarán, una voz solvente, pero no consecuente con el alto precio de las entradas y el caché de la representación. Las anécdotas no terminan ahí, porque los responsables del coliseo malacitano se temieron lo peor, cuando Tatiana Anisimova, cayó en una de las trampillas durante el ensayo general y se la tuvieron que llevar al hospital, afortunadamente, la lesión no la limito y fue de lo mejor de la noche. Aun así podemos catalogar de monumental éxito la producción basada en la tragedia homónima de Shakespeare.
Carlos Álvarez, en la única función que cantó estuvo pletórico, confirmando quien es el mejor barítono verdiano de nuestros días, por más que se empeñen en decir algunas personas que esta en mala racha -me remito a las funestas críticas de su D. Giovanni madrileño-. Consiguió trazar un Macbeth duro y dramático, orgulloso, pero a la vez temeroso de Banquo y de Macduff, y enfrento su parte de una pieza, huyendo de los tópicos operísticos que pudiesen haber impuesto en el pasado otros cantantes claves en la historia de la lírica. El momento más destacable fue la escena VII del acto II, donde cae en la locura, también fue memorable la escena de las apariciones, donde transmitió miedo al público, cantando gélidamente como una “statua” . Sin duda se mereció los vítores que le dedicaron sus innumerables seguidores. Como siempre su trabajo actoral fue sobresaliente, un rasgo muy característico suyo. Una curiosidad es que canto toda la representación a torso desnudo y manchando en sangre, mientras que ningún otro compañero de reparto principal lo hizo, sin dudo Guerra, quiso darle el protagonismo absoluto. Resultado, un Macbeth antológico. Tatiana Anisimova, fue la gran sorpresa de la noche, demostró que Lady Macbeth puede ser diabólica, pero también mundana, en el sentido en que lo mundano es lo terreno -locura y muerte-, especialmente en la escena del sonambulismo y la culpa, donde conmovió al teatro. Su voz se mostró recia y fuerte, pudiéndosele oír con claridad en todo el teatro, sobrepasando a la orquesta y con un fiato aparentemente bien construido y sin problemas. Desde su primera intervención “Nel di della Vittoria” arrancó los vítores más impresionantes del público malacitano y poco a poco fue “in crescendo” hasta culminar en su última escena, donde rozo lo “sublime”. La presencia escénica fue notoria, y a pesar de su lesión al caer en una trampilla, realizo una intervención con normalidad, demostrando que también es una actriz imponente. Stefano Palatchi, afronto el rol de Banquo con solvencia, si bien se encontró con dificultades en el registro agudo, cargó convincente con un rol que se hace corto, pues solo posee un aria y es asesinado al instante. En su dúo con Álvarez en el primer acto solo pudo ser la sombra del malagueño, dejándose arrastrar por el torrente vocal de su rival. Alejandro Roy (Macduff), se mantuvo en un discreto segundo plano, pues no se mostró convincente en su aria del IV acto “O figli mie”, con una voz a veces engolada y otras veces sin peso dramático, en mi opinión un Macduff no se canta como una zarzuela como quería hacernos creer. Donde este si salió beneficiado fue en su dúo con Luis María Pacetti (Malcolm), quien a pesar de poseer una bellísima voz, no pudo con el volumen impuesto desde el podio y secundado por Roy, que lo dejaron fuera de juego. Los demás secundarios se movieron en lo correctísimo rozando lo mediocre por momentos, entre los que se puede enclavar Antonio Torres (Médico), que no fue capaz de transmitir vocalmente, puesto que le falto volumen, y Marcella Pollidori (sirvienta) totalmente insípida. Se comporto excepcionalmente el Coro de Ópera de Málaga, a pesar de contar con menos plantilla -restricciones del teatro-, siendo esta una ópera con coro de notable envergadura, muy bien preparados por Francisco Heredia, quien esta realizando una notable tarea al frente del Coro. Destaquemos momentos como “Salve O Re!” o Las intervenciones de las brujas en los Actos I y III, de una gran complejidad. De vergonzosa, puede calificarse la actuación del Sr. Daniel Lipton, el cual carece de los conceptos de musicalidad, honradez y respeto a los integrantes escénicos -ya tuvo problemas en Sevilla con Violeta Urmana-, subiendo el volumen a ff, sin ninguna piedad sobre los cantantes, alargando notas hasta el doble de su valor y no respetando la partitura -como pudieron ver los que asistieron progresivamente a los ensayos y a las representaciones- llevó a una O. F. M, disgustada y correcta que no aporto sino un acompañamiento excesivo en volumen, creando una prueba de fuego para el equipo vocal. Para olvidar, esperemos que el Sr. Lipton tarde en volver.  La escena merece un punto y a parte. Álvarez y su Fundación se empeñaron en traer una puesta en escena que aunque arriesgada, ha sido un éxito. Proveniente del teatro Comunale de Modena -atrás quedan los tiempos del Sr. Roberto Lágana y su horribles producciones- Oscilando entre lo violento y lo siniestro, con una estética atemporal, Cobelli, traza un drama psicológico en el que el erotismo -escena de brujas del acto III-, la sangre y la muerte planea durante toda la obra como un cuervo mirando a su presa. Un canto a la postmodernidad reinante, aun futuro no muy lejano en donde las perversiones y la ambición destruyen a una moral, frágil de por si. De ahí su validez, podía ser en la Escocia medieval o en cualquier sociedad actual, demostrando que una obra tiene vigencia cuando ocurre en cualquier época, convirtiéndose en un universal. La escena se resolvió de una manera simple, el coro colocado a los lados, omnipresente como en las tragedias griegas, y un suelo de madera, con trampillas, por el que salían los figurantes y bailarines, pareciendo carne putrefacta que surge de la húmeda tierra. El recurso para la parte final del proscenio, fue un telón semi-transparente, en el que se iban proyectando las sombras de más figurantes, con una simbólica iluminación. Sin duda impactante a nivel escénico fue el personaje de Hecate, diosa de la noche -inventado por Cobelli en esta regie- quien parecía un travestí de una película de Almodóvar, con plumas y pechos postizos que intentaba seducir a Álvarez durante el III Acto, rozando el kitsch absoluto y que posteriormente realizaba “abortos” bastantes sangrientos a las tres apariciones. Personalmente creo que eso sobraba en una puesta en escena de gran nivel y que el año pasado pudo verse en el Teatro Maestranza de Sevilla. Así que esperemos que en los próximos títulos que tiene programado el Teatro Cervantes, se alcance el nivel que ha otorgado esta notable producción y que este Macbeth no sea solo un hechizo de brujas y espíritus, que en estas fechas yacen en nuestros bosques… |