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Puccini siempre es Puccini “Tosca” de Giacomo Puccini Juventus Lyrica - Teatro Avenida – Buenos Aires – Argentina Haydée Dabusti (Floria Tosca), Dario Saiegh (Mario Cavaradossi), Ricardo Ortale (Barón Scarpia), Fernando Grassi (Sacristán), Alejandro Di Nardo (Angelotti), Norberto Lara (Spoletta), Román Modzelewski (Sciarrone y Carcelero) y Facundo Gonchar (voz del pastor). Coro Juventus Lyrica , Maestro Preparador Miguel Pesce y Coro de Niños, Maestra Preparadora Rosana Bravo. Escenografía, preparación y dirección escénica de Anna D´Anna. Orquesta Juventus Lyrica. Preparación y dirección musical de Antonio María Russo.
 Nunca es fácil para una Compañía de Opera encarar uno de los más populares títulos del repertorio lírico. Siempre la memoria de los melómanos jugará en contra. Las versiones que han presenciado, sumadas a las de video, DVD y CD tratarán constantemente de generar una comparación, de la que en general no es fácil salir airoso. La Asociación de Opera Juventus Lyrica eligió “Tosca” como cierre de su temporada 2005, y por lo tanto decidió luchar contra esa memoria del público operístico. Puso muchísima energía y empeño, que se pudo ver en cada uno de los detalles, aunque el resultado final fuera desparejo. Ana D’Anna, a cargo de la escenografía, preparación y dirección escénica, optó por una puesta tratando de mantener una férrea fidelidad a Puccini. Y en una época donde los “Regisseurs” tratan de ser el centro de cualquier representación y apelan – muchas veces sin el talento ni una concepción suficientemente clara – a puestas “de vanguardia”, su propuesta resulta sin dudas refrescante, dentro de este contexto. Tuvo que adaptarse a las no muy amplias dimensiones del escenario del Avenida y recurrir, en el primer acto, a la entrada de parte del coro por la platea. Sin dudas el punto más flojo de su trabajo fue la marcación actoral, lo que motivó desbordes en algunos de los cantantes y poca movilidad en otros. Siguiendo con lo visual, la iluminación fue correcta y logrado, de buen gusto y respetando la época, el vestuario diseñado por Ponchi Morpurgo, en diferentes gamas cromáticas para cada acto. La escenografía careció de unidad, siendo la del primer y tercer acto notablemente despojada contra la riqueza de detalles y refinamiento del segundo acto, el gabinete de Scarpia. En la parte musical, la orquesta dirigida por el Maestro Antonio María Russo ofreció una versión de marcado equilibrio y sonoridad, cuidando siempre – y logrando – no tapar a los cantantes. La prolijidad y dedicación que el Maestro pone en cada una de sus intervenciones se puedo verificar aquí una vez más, aunque Puccini no sea - tal vez - el compositor con más se identifique. 
Muy positiva la labor de ambos coros, afinados, con buen volumen y buen desempeño escénico. La soprano Haydée Dabusti tiene un timbre de voz adecuado para la parte, buen volumen y muy buena afinación. Y sorteó sin dificultades visibles los momentos más arduos de la partitura. Pero su concepción del rol la acerca más a las sopranos que lo encararon hasta 1960 que a la de los últimos 20 años. Su caracterización parece solo manifestarse externamente. Sin dudas, con una marcación más estricta, más control en el movimiento de brazos y cabeza y sintiendo internamente el drama, su trabajo luciría mucho más. El tenor Darío Saiegh – de corta carrera - como Cavaradossi lució una voz de excelente timbre, muy buen volumen y extensión adecuada. Y cosechó un éxito personal. En la medida que adquiera más experiencia escénica, y su registro se torne algo más parejo podrá aspirar a una carrera de nivel internacional. Ricardo Ortale, a quien le hemos visto un muy buen Scarpia en otras oportunidades – incluyendo en la reapertura del Teatro Argentino de La Plata, cantó afectado de un problema de salud, como fue anunciado en el primer entreacto. Desde el comienzo su voz sonó opaca y con mucho menos volumen del habitual. Y tal vez esto también pudo influir en su rendimiento escénico. Sin dudas mejorará con el correr de las funciones. Excelente el desempeño del barítono Fernando Grassi como El Sacristán. Muy buena voz, excelente articulación y una composición muy sobria como actor. Correctos el resto de los roles comprimarios. El público presente a esta primera función brindó un muy fuerte – y por que no – generoso aplauso. Gran parte como una forma de agradecimiento por el esfuerzo evidente de los componentes de Juventus Lyrica, pero además, porque gracias a la fidelidad planteada por Ana D’Anna el espíritu de Puccini siempre estuvo presente en la función. Y Puccini siempre es Puccini. |