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jueves, 28 agosto 2008 |
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Director del Teatro Real - «El proyecto educativo es esencial para crear nuevos públicos»
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Written by S. G.
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Antonio Moral (Puebla de Almenara, Cuenca, 1956) cumple sus veinte años como gestor asumiendo uno de los puestos más golosos del panorama lírico español: director artístico del Teatro Real. Esta semana ha presentado a los medios de comunicación el que será su proyecto durante los próximos cinco años, tiempo de su contrato. Un proyecto que se levanta sobre tres pilares fundamentales: inteligencia, respeto y modernidad de las propuestas. La primera piedra, con su sello personal, ya la ha puesto con la creación de un ciclo de grandes voces. Coproducido con la Fundación CajaMadrid, tendrá lugar esta temporada, con la participación de María Bayo, Anna Caterina Antonacci, Daniela Barcellona, Juan Diego Flórez, Cecilia Bartoli y Rolando Villazón.
Llama la atención que su primera «acción» en el Real sea un ciclo de conciertos, cuando el teatro no hace mucho suprimió un ciclo semejante al considerar el director musical, López Cobos, poco interesante la fórmula del recital. Es necesario hacer en el Real un ciclo de estas características, que sirva de complemento al ciclo de Lied que se celebra en la Zarzuela, donde a veces se ha llevado a intérpretes que no se ciñen estrictamente a este género. No sé lo que dijo entonces López Cobos. Cuando yo hice esta propuesta, la acogida, tanto por parte del gerente, Miguel Muñiz, como de López Cobos, fue estupenda. Y todos los teatros tienen un ciclo de conciertos. Comienza su andadura en el Real con un ciclo que retrata en buena medida lo que es el «sello Moral»... Yo tengo mi marca como todo el mundo, como Lissner tiene la suya y lleva a Barenboim y Harding a la Scala de Milán. Creo que son artistas que deben estar presentes en el Real. ¿Qué tipo de repertorio, en su opinión, debe ofrecer el Real? ¿Va a mantener la línea iniciada por sus antecesores? Cada director artístico debe darle su sello. El teatro debe ser un centro generador de ideas y de proyectos. Si eres conocedor del sector, programar ocho o diez títulos es fácil; lo difícil es darle una personalidad a la programación, y eso incluye muchas cosas. Entre ellas, un proyecto pedagógico, que en este teatro se ha ido fabricando poco a poco, y que el año pasado ha fructificado en trabajos como El pequeño deshollinador. Creo que es la línea por donde hay que seguir. La primera cosa que he hecho es fortalecer el equipo pedagógico, con la incorporación de un asesor, Pedro Sarmiento, que trabajará junto a Patxi Tamayo. De esta manera, he creado un nuevo departamento, que también se encargará de las actividades paralelas, otro punto que quiero reforzar. ¿De qué manera? Las actividades paralelas no pueden ser un cajón de sastre de cosas que se hacen porque nos sobra presupuesto. Lo que quiero plantear es una temporada completa, que incluye un proyecto pedagógico. Un teatro de ópera tiene que poner en marcha una academia de canto para poder trabajar en ella esos proyectos, un poco como se hace en Pésaro. El proyecto educativo es esencial para crear nuevos públicos. ¿Cómo enriquecerá las actividades paralelas? Con actividades que establezcan relaciones con la ópera que se programa: sus mundos paralelos, su época, sus influencias, a través de conciertos de cámara, recitales, proyecciones de cine y mesas redondas. También quiero sacar la ópera del teatro, llegando a acuerdos con las salas de la red de teatros tanto para los proyectos pedagógicos como de ópera de bolsillo. El Real realizará la producción, la pondrá en marcha y luego irá a Leganés, a Fuenlabrada, a Móstoles, Majadahonda, etcétera. Nuestra labor es convertirnos en un centro que genera proyectos de los que luego se beneficirán otros teatros. ¿Se estrenarán en el Real? Y ¿qué tipo de repertorio abordarán? Sí. Quiero trabajar en varios frentes. Por un lado la nueva creación y por otro las óperas de pequeño formato, de los siglos XVIII, XIX y XX, como Il signor Bruschino de Rossini, Zaide de Mozart u Otra vuelta de tuerca de Britten. Tanto usted como Muñiz han confirmado la existencia de numerosas conversaciones con Lissner cuando éste fue director artístico del Real. ¿Va a recuperar algún aspecto de aquel proyecto que no pudo llevarse a cabo? Lissner tiene su proyecto y yo el mío, lo que sucede es que siempre te entiendes mejor con unas personas que con otras. A mí me gusta que la ópera tenga un formato de modernidad. Tenemos que hacer una ópera para públicos inteligentes. Hay que hacer lo que no se hace, y realizar bien el repertorio, llevándolo a cabo con directores de escena y musicales que puedan ofrecer otra perspectiva. Lo que comparto con Lissner es su filosofía, pero yo tengo las ideas claras de por dónde quiero ir. El teatro tiene que ser dinámico, tiene que generar ideas. ¿También polémicas, como suele suceder con las propuestas del ahora director de la Ópera de París, Gerard Mortier, con el que también coincide? A mí no me interesan los directores de escena que tienen el cartel de provocadores. No me gustan los efectos gratuitos, pero hay grandes directores de escena muy interesantes que, si bien alguna vez se pueden equivocar, la mayoría de las veces aciertan. Lo moderno no tiene por qué ser polémico. Y todos los montajes deben tener como base el respeto a la partitura. Si bien es cierto que en la ópera de repertorio tenemos que ofrecer una visión moderna, una reinterpretación. Las tres líneas en las que hay que trabajar, a la hora de elegir directores de escena, son las de la inteligencia, el respeto y la modernidad. ¿Qué espacio va a tener el repertorio español y la nueva creación? No quiero hablar de repertorio, la ópera tiene 400 años y no quiero moverme sólo en el siglo XIX. El teatro tiene que ofrecer un repertorio variado y equilibrado pero también compositores de otros siglos que no se han hecho y que son fundamentales, como Carnicer. Por supuesto que la ópera española es esencial. Cada año se va a ofrecer un título «escenificado», alternándose las recuperaciones con las de nueva creación. ¿Su horizonte de trabajo es el año 2008, cuando tendrán lugar las próximas elecciones, o va más allá? Mi contrato es hasta agosto de 2010. ¿No le preocupa un cambio de Gobierno? No. Haré la programación hasta entonces y la dejaré anunciada. Cuando yo presente la temporada del 2007-2008, también presentaré todos los compromisos para las siguientes, que estarán firmados hasta el 2010. |
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