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Requiem' de Brahms da término a temporada de Orquesta Sinfónica de Chile SANTIAGO, Chile - Con la obra "Un Requiem Alemán", de Johannes Brahms, culminó en forma brillante, la temporada internacional de la Orquesta Sinfónica de Chile.
En la ocasión, en el Teatro de la Universidad de Chile, el Coro Sinfónico universitario celebró los 60 años de vida, entregando su arte al público nacional y extranjero, ahora bajo la sólida dirección de Hugo Villarroel.
Esta obra, bajo la dirección general del maestro David del Pino Klinge, contó también, con la presencia de la soprano Patricia Cifuentes, además de los barítonos Javier Arrey (primera función y Cristián Lorca (segunda). Johannes Brahms dedicó a su madre y a su amigo Robert Schumann su obra "Un Réquiem Alemán", pieza central de su carrera, cuyos textos y música están impregnados de espiritualidad, "Un Réquiem Alemán" es una pieza trascendental en el repertorio de Brahms -uno de los compositores más importantes del siglo XIX- cuyas obras combinan lo mejor de los estilos clásico y romántico. Las primeras ideas de Brahms en torno a esta se remontan a 1856, año de la muerte de su amigo y mentor Robert Schumann. En 1861 ya tenía esbozos de una cantata fúnebre, pero fue en 1865, tras la muerte de su madre, cuando el compositor se vio motivado a finalizarla. El 1 de diciembre de 1867 fueron presentados los primeros tres movimientos en un concierto de la Sociedad de Amigos de la Música en Viena, bajo la dirección de Johann von Herbeck. En los meses siguientes pulió los movimientos cuarto, sexto y séptimo, los que se presentaron junto a los anteriores el 10 de abril (Viernes Santo) de 1868 en la catedral protestante de Bremen. Una visita que hizo a la tumba de su madre en el día siguiente lo habría motivado para realizar el quinto movimiento. La obra completa fue estrenada en septiembre de 1868 en una función privada, para ser posteriormente introducida al público en distintas ciudades de Alemania. Aunque de nombre "Réquiem", Brahms prescindió de los textos de la misa católica de difuntos , estructura que siguen con mayor o menor libertad los réquiems de Mozart, Berlioz, Verdi o Fauré, e hizo una selección de pasajes de la Biblia en la traducción alemana de Lutero en vez de utilizar el texto en latín. En esta obra se plasma una serena aceptación de la muerte en una estructura simétrica que tiene su eje central en el cuarto movimiento.
La hora y media de duración de la obra, ante un teatro repleto, mantuvo siempre el interés de un público ferviente, que admiró, en especial, la gran calidad de lo exhibido por orquesta y coro, muy bien dirigidos por la imponente figura del peruano David del Pino. Esta vez, los solistas vocales, no fueron principales protagonistas, pero igual contribuyeron al brillo de las presentaciones: la soprano Patricia Cifuentes, en especial, culminó una temporada muy feliz, tanto en lo operático como en lo lírico, en que tuvo logros realmente en que confirmó el buen momento porque atraviesa, en especial como protagonista de "Lucia de Lammermoor". En cuanto a los solistas varones, tanto Arrey como Lorca cumplieron y bien, con voces graves y solemnes, muy en el estilo de esta obra de la liturgia cristiana, diseñada en el pentagrama por el genial compositor alemán. |