|
 |
 |
 |
 |
viernes, 16 mayo 2008 |
|
Auditorio Kursaal, Britten, Strauss, Hartmann, Charpentier, Purcell - Donostia - San Sebastián
|
|
|
Written by Departamento de Contenidos
|
|
|
|
«War Réquiem» De Britten. N. Gustafson, A. Prunell, T. Mohr- Sociedad Coral de Bilbao, Coro del Conserv. de la Sdad. Coral de Bilbao. Sinfónica de Bilbao. S. Alapont, director conjunto instrumental. J. Mena, director. Auditorio Kursaal. 30-VII-2005.
La Quincena llega a su semana grande final con una serie de platos fuertes que se añaden a primeros platos de la misma calidad. Y, en el caso que hoy nos ocupa se trata de calidad y cantidad. El «War Réquiem», de Britten precisa medios amplísimos: una gran orquesta, un numeroso coro mixto, un coro de niños, soprano, tenor y barítono, órgano... y hasta un grupo instrumental dentro de la orquesta que fue hábilmente conjuntado por Sergio Alapont. Es por esto una partitura que se programa poco, pero la obra venía como anillo al dedo para redondear el concepto que José Antonio Echenique ha querido imprimir a la muestra: un recuerdo a la II Guerra Mundial a los 60 años de su término, con una visión desde la libertad y la reconciliación. Wilfred Owen. El «War Réquiem» reúne tales premisas casi como ninguna otra obra. Britten fue un genio capaz de encontrar un lenguaje absolutamente personal y reconocible. Un genio capaz, no sólo de escribir música, sino de «idear y planificar» música. Así se le ocurrió esta misa de réquiem a cuyos textos tradicionales se unen poemas del soldado muerto en combate en la I Guerra, Wilfred Owen. Estamos ante un alegato netamente pacifista, con un claro mensaje de reconciliación en su final, en el que se unen tres mundos: el tradicional de difuntos –con soprano, coro y el grueso de la orquesta–, el de las víctimas –tenor, barítono y conjunto instrumental– y el del más allá –coro de niños y órgano. Obra compleja con extenso rango de expresividad, pero con la sorprendente simplicidad del auténtico genio en algunos números. Hay que ordenar y controlar muy bien. Lo logró Juanjo Mena, que dispuso bien el «lay-out» escénico y consiguió ir de menos a más, como imbuyéndose del sentido de la obra, a la que despojó de cualquier asomo de efectismo, para concentrarse en su intensidad emocional. Nancy Gustafson aportó entrega y su conocido poderío vocal, la musicalidad y línea de canto de Agustín Prunell superaron las limitaciones de color del timbre, y Tomas Mohr siguió al pie de la letra la histórica interpretación de Fischer-Dieskau. Muy bien la orquesta, sin duda en alza, y las masa corales. Un concierto difícil y bien resuelto.
R. Strauss: «Till Eulenspiegel». K. A. Hartmann: «Gesangs-Szene». D. Shostakovich: «Sinfonía núm. 15». Int.: Matthias Goerne, barítono. Joven Orquesta Gustav Mahler. Dir.: Ingo Metzmacher. Lugar: Auditorio Kursaal, San Sebastián. Fecha: 1-IX
La vida provoca encuentros insospechados. Aún está fresco el recuerdo pacifista del «War Requiem» de Benjamin Britten, que la Quincena Musical donostiarra programó como fin del ciclo musical dedicado a los 60 años del fin de la segunda guerra mundial, cuando ya han sonado las apocalípticas premoniciones de la «Gesangs-Szene» de Karl Amadeus Hartmann, posiblemente interpretada por primera vez en España. La desgarrada expresividad de esta partitura, escrita a partir de un texto de Jean Giraudoux, en el que se narra la bíblica destrucción de Sodoma y Gomorra, ha dejado tras de sí un extraña impresión, muy cercana a su propia moraleja: «Este es uno de los fines del mundo». Con voz rotunda la leyó el barítono Matthias Goerne sobre el silencio de una música que no existe porque Hartmann no alcanzó a terminar la obra. Luego se quedó inmóvil, callado, y con él todos los espectadores del auditorio Kursaal... Fue un silencio denso e interminable, previo a la ovación. El mejor y más rotundo de los aplausos.
A Goerne hay que reconocerle la capacidad para narrar, medir pausas, calibrar los acentos y decir más allá de las palabras. Su interpretación fue digna del mensaje que Hartmann dejó en 1963. También la de la Joven Orquesta Gustav Mahler y el director Ingo Metzmacher, gran defensor del compositor alemán en el año en el que se conmemora el centenario de su nacimiento. Ellos pusieron los acentos más oscuros, el sonido hecho y ordenado de una orquesta enorme, y muchos detalles instrumentales individuales de calidad. Después, la decimoquinta sinfonía de Shostakovich, un caleidoscopio de enigmáticos pensamientos entorno a la muerte, se escuchó con intención más superficial aunque en una ejecución inicialmente vigorosa en lo rítmico, contundente en lo más extravertido, además de cuidada y meticulosa en la conclusión. Se lució la solista de violonchelo y el concertino, compensando algunos excesos observados con «Las aventuras de Till Eulenspiegel» ofrecida para abrir el programa. Quizá porque esta música estuvo colocada un tanto a desmano, le sobró volumen y le faltó flexibilidad rítmica, finura, guasa y algo más de sentido narrativo. En cualquier caso sirvió para el lucimiento la Joven Orquesta Gustav Mahler, una agrupación de altura a la que este curso se espera en Madrid junto a su director musical Claudio Abbado.
Quincena donostiarra Obras de Charpentier y Purcell. Soistas, Les Arts Florissants. W. Christie, director. Auditorio Kursaal. San Sebastián, 31-VIII-05. El estadounidense William Christie, hoy ciudadano francés, se ha convertido en uno de los más prestigiosos defensores de la música de los siglos XVI y XVII, habiendo encontrado un concepto de perfección, homogeneidad e interés escénico que representa un nuevo enfoque para el acercamiento a Monteverdi, Scarlatti, Purcell o Haendel. En 1979 creó Les Arts Florissants, agrupación coral e instrumental que, junto al proyecto de «El Jardín de las voces», viene proporcionando veladas de referencia.
El repertorio elegido para el presente concierto, ofrecido días antes en Santander y en Zaragoza en posteriores, ofrecía el personal colorido armónico y extrovertido del compositor francés Marc-Antoine Charpentier (1643-1704) contrastándolo con el más interiorizado del inglés Henry Purcell (1659-1695). No hubo en esta ocasión lugar para esas pequeñas puestas en escena que otras veces tanto han amenizado sus conciertos, aunque en la segunda parte existiese la variación de encontrar al propio Christie al teclado del clave. Sorprendió la disposición del coro, con cuerdas contrapuestas, y se echó de menos una mayor autoridad vocal en los solistas, buena parte de ellos miembros de Les Arts Florissants. El bajo Neil Davies y el tenor Paul Agnew eran los que han alcanzado mayor vuelo propio, aunque el timbre de este último deje mucho que desear en cuanto a belleza del color. Y es que una cosa es la homogeneidad de las voces dentro de un coro –y da gusto escuchar al de Christie– y otra la calidad de las voces individuales en las partes solistas. Eso es otro cantar y Christie debería complementar mejor sus recursos musicales. Hubo momentos tanto en ese «Juicio de Salomón» como en los fragmentos de «Dido y Aeneas» en los que el estómago se encoge ante tanta belleza, ante el recogimiento y el exquisito control con el que fluían las músicas. No pudiendo calificar el espectáculo con la matrícula de los ofrecidos en Madrid en los últimos tres años, sí mereció claramente el sobresaliente.
| Only registered users can write comments. Please login or register. Powered by AkoComment 1.0 beta 2! |
|
|
 |
 |
 |
 |
|
|