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Claus Guth, Wagner en el Festival de Bayreuth - Alemania
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Written by Rafael Bans
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«El holandés errante» De Richard Wagner. Con Jukka Rasilainen, Adrienne Dugger, Jaakko Ryhänen, Endrik Wottrich. Dirección musical: Marc Albrecht. Dirección escénica: Claus Guth. Festival de Bayreuth.
Como ha demostrado en diversos montajes en Salzburgo y Zurich, Claus Guth es uno de los nombres más inteligentes del panorama teatral alemán de hoy. Sin embargo, su esta producción de «El holandés errante» no nos ha parecido que se encuentre entre sus trabajos más afortunados. El director de escena plantea la obra como un producto de la fantasía de Senta (algo que ya hizo Kupfer hace tres décadas, con mejores resultados). Así, el mar es una proyección de unas olas en las paredes de su casa, cuyo interior, presidido por una escalera de caracol, domina obsesivamente la obra.
Los personajes se mueven como si fuesen los propios muñecos de la niña que cobran vida. Las hilanderas parecen camareras o secretarias dispuestas a mostrar sus encantos, mientras Senta permanece aferrada a sus juegos, y los marineros bailan al ritmo de comedia musical americana. Hay brillantes apariciones de sombras fantasmales y números de gran guiñol, como cuando un enorme esqueleto, vestido de marino, desciende para llevarse a una minúscula Senta. Pero la cuestión no funciona plenamente porque, al final, no hay tragedia: como si de un truco de magia se tratase, el Holandés desaparece dejando a una confusa Senta buscándole por las paredes. Voz ruda. Musicalmente, la versión no alcanzó los resultados de otras producciones vistas. El maestro alemán Marc Albrecht (que optó por eliminar el tema de la redención, añadido por Wagner en 1860, y que hubiera resultado absurdo en este contexto) propuso una lectura enérgica y violenta, con sonoridades agresivas. El barítono finlandés Jukka Rasilainen (que reemplazaba al John Tomlinson de las dos ediciones anteriores) tiene una voz potente y ruda, sin el necesario carisma para el papel titular. Algo parecido le sucedió a la soprano americana Adrienne Dugger, ya madura para hacer creíble a esta infantil Senta, con firmes agudos que no lograban ocultar un evidente desgaste. Los más convincentes fueron el bajo Jaakko Ryhänen en un simpático Daland y el tenor Endrik Wottrich, que dio su apasionado lirismo a Erik. Y, por supuesto, el coro, al que fue como siempre un auténtico placer escuchar, aunque fuese haciendo posturitas. |
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