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Morbosa y provocadora, Salome en el Castillo de Peralada
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Written by F. San Riviére España
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«Salomé» De Strauss. Con P. Wunder, A. Lubanska, Eil. Lappalainem, Z. Macias, A. Zdunikowski. Dir. musical: J. Kaspszyk. Dir. de escena: M. Otava. Orquesta del Teatro Wielki-Ópera Nacional de Polonia. Castillo de Peralada, 15-VIII-05.
El Festival de Peralada ha apostado en esta XIX edición por una serie de propuestas escénicas de carácter moderno y provocativo. Primero llegó «La Traviata» de las Juventudes Musicales Alemanas, con un montaje juvenil de adolescentes pastilleros y ahora se ha presentado esta «Salomé» futurista, en la que se destaca toda la morbosidad y brutalidad del drama extraído de la novela de Oscar Wilde. La provocativa e interesante producción de Martin Otava presenta el futurista palacio del tetrarca Herodes a muy poca distancia de la Luna. La escena queda atrapada por la fascinación que provoca el satélite como fondo omnipresente, apoyado por un vestuario provocadoramente moderno y feo en el que prevalece el rojo sangre, al igual que en la fachada del palacio. Desde el podio Jacek Kaspszyk ofreció una lectura de la partitura emotiva y descarnada, con un volumen sonoro quizá demasiado forzado y atendiendo a la espectacularidad de la obra en detrimento de la culta y sutil partitura de Strauss. Vocalmente, Eilana Lappalainen fue la ideal para desgranar con eficacia esta Salomé hechizada de forma brutal por sus apetencias sexuales. Su emisión, de gran amplitud y proyección, dio realce a su personaje, aunque siempre secundando la potencia, e incluso el grito, frente al fraseo exquisito de otras intérpretes más melódicas. Silla de ruedas. Su interpretación de la Danza de los Siete Velos intentó ser tan provocativa que rayó en lo pornográfico y que acabó con la artista con los pechos al aire. El Herodes de Pawel Wunder se mostró eficaz en su complejo rol del depravado tetrarca, mientras que la Herodias de Anna Lubanska, en una silla de ruedas que representaba su apego al trono, ofreció una interpretación más que destacada. En cuanto al Jokanaan, destacó la presencia escénica de Zbigniew Macias, con una voz importante, aunque un tanto desgastada, y una imagen ridícula a causa de unos calzones imposibles. Bien cantado e interpretado el jefe de la guardia (Narraboth) de Adam Zdunikowski, así como del resto de soldados. En definitiva, una producción bien resuelta y provocadora que el público aceptó con cierta prevención y sin demasiado entusiasmo. |
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