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viernes, 25 julio 2008 |
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Crítica de Un Ballo in Maschera en el Teatro Avenida - Argentina
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Written by Juan Carlos Montero La Nacion
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"Un ballo in maschera" , de Giuseppe Verdi. Libreto de Antonio Osma, inspirado en "Gustavo III au le bal masqué", de Eugene Scribe. Elenco: María Pía Piscitelli (Amelia), Gerardo Marandino (Riccardo), Luis Gaeta (Renato), Laura Cáceres (Ulrica), Sandra Scorza (Oscar), Daniel Caltabiano (Silvano), Ariel Cazes (Samuel), Orestes Schlopecki (Tom), Norberto Lara (juez) y Santiago Burghi (chofer). Director de coro: Martín Palmeri. Puesta escénica: Carlos Palacio. Iluminación: Alfredo Morelli y Chango Monti. Vestuario: Aníbal Lápiz. Orquesta con la dirección de Roberto Luvini. Organizado por la Asociación Opera Viva. Teatro Avenida.
Ha de conceptuarse como un hecho positivo el nacimiento de la Asociación Opera Viva, una nueva empresa dedicada a montar espectáculos del arte lírico en Buenos Aires que, evidentemente, demuestra cada día poseer una población muy numerosa, inclinada a apoyar con su presencia este tipo de manifestación, tal como ha ocurrido en la primera función de "Un ballo in maschera", de Verdi, con una asistencia importante, que si bien no llegó a agotar las localidades fue muy significativa para una función fuera de abono.
Del mismo modo, es elogiosa la elección del título y la configuración del elenco, en su mayoría conformado por buenos experimentados. Bien se sabe que la obra resulta ser la primera de la madurez del autor, que a pesar de la debilidad de su primer acto, sorprende por el nuevo concepto de composición puesto en práctica por el músico con arias concebidas como monólogos, de fuerza dramática intensa, supresión de la cabaletta, esa coronación para el lucimiento.
Otros detalles valiosos de la partitura se encuentran en el uso de melodías amplias, elegantes y ciertamente de gran inspiración melódica (es evidente un intento de Verdi por lograr una especie de continuum musical), así como en caracterizar musicalmente a los personajes y los sentimientos de cada uno. Asimismo, a "Un ballo in maschera" no se le puede negar que su segundo acto es otra de las cumbres del compositor, ejemplo de equilibrio entre dramatismo e ironía humorística y de un dúo de soprano y tenor, acaso comparable al del primer acto de "Otello", pero con un vuelo lírico antológico.
Por fin, queda la virtud de la síntesis, la rapidez en que se desarrollan las dos escenas finales, gran monólogo del tenor, impacto visual en la fiesta, música de baile cortesano y realismo en el momento del asesinato, detalles que por alguna razón motivaron a Gabriele d´Annunzio a decir que "Un ballo in maschera" es "la más operísticas de las óperas".
Buen elenco
María Pía Piscitelli fue una Amelia expresiva, de canto en buen estilo, no sólo por la claridad de su italiano, sino por el fraseo cálido y comunicativo, transmitido por una voz de grato color, que maneja con solvencia, desde las notas plenas hasta filados, y terminación de frases prolijas y refinadas. Como actriz, su actuación fue convincente y atinada. En el segundo acto, en el gran dúo con Riccardo logró junto con Gerardo Marandino un momento relevante, así como en la doliente versión del aria "Morrò, ma prima in gracia...".
El tenor Marandino exhibió su reconocida gallardía y arrojo vocal como Riccardo, y dejó escuchar una voz con natural brillo. Por su quejumbroso timbre natural, trazó un personaje convincente y atractivo. Luis Gaeta, por su parte, impuso, para resolver del mejor modo posible la ardua parte de Renato, la suma de su experiencia. Cantó y dijo el famoso "Eri tu..." con buen fraseo y entrega.
Así como el primer acto es el más débil de la obra, también resultó el menos logrado de la representación con Ulrica y un paje Oscar, a cargo de dos cantantes, Laura Cáceres y Sandra Scorza, respectivamente, que han de mejorar su afinación en otras actuaciones. Brillante el bajo Ariel Cazes como Samuel (elemento que por su fraseo musical y grato timbre es merecedor de personajes protagónicos) y correcto Orestes Schlopecki como Tom, aunque su papel de militar del ejército argentino debería ser analizado desde la polémica propuesta de la escena.
La versión musical de Roberto Luvini, deslucida por el nivel de la orquesta, fue mejorando a partir del segundo acto en cuanto a dinámica y expresión, en tanto que el coro preparado por Martín Palmieri fue sólo correcto.
Las escenas ideadas por Carlos Palacio, esforzado y honesto profesional que después de presentar la historia trasladada a la Buenos Aires del siglo XXI (sólo faltó un piquete en la calle) tuvo el buen criterio de ofrecer un baile de máscaras lujoso en el final, todos disfrazados de época cortesana, pero en el estilo y la atmósfera que imaginó el autor. Esto quiere decir que la propuesta de modificar el tiempo y el lugar de los libretos ya es una costumbre de la pretendida y también discutible globalización.
El prestigioso Aníbal Lápiz fue el responsable del diseño del vestuario, con trajes de hoy impecables para los hombres, vestimentas extrañas para las mujeres, trasformadas en prostitutas en la escena de Ulrica. Excelente y de buen gusto el vestuario para Amelia. El público, frío en el primer acto, brindó un cálido aplauso a todo el elenco en el final. | Only registered users can write comments. Please login or register. Powered by AkoComment 1.0 beta 2! |
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