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María Alejandra Barrientos López, soprano lírica española, nace en Barcelona el 4 de Marzo de 1884. Estudiará en la escuela municipal de música de la ciudad condal, más tarde conservatorio, teniendo por maestro a Francisco Bonet. Éste, le ayudará a debutar en el Teatro Lírico de Barcelona en 1899, cuando tenía 15 años en un papel para la Sonámbula. Tras este primer debut, el director Leopoldo Mugnote le aconseja que se traslade a Italia para perfeccionar su estilo, cosa que realiza durante cuatro años. Tras esta preparación comienza una serie de giras por diferentes teatros europeos y americanos: París, Roma, Madrid, Buenos Aires... Son de destacar en este periodo sus debuts en el Covent Garden de Londres (1903) con El barbero de Sevilla de Rossini, junto a Bonci y Journet y su debut en la Scala de Milán (1904) en el papel de Dinorah junto a Giuseppe de Luca. En 1907, la soprano contrae matrimonio con el argentino Jorge Keen, con lo que abandonará la escena. Tan sólo tras su divorcio en 1911 decidirá regresar al mundo del canto de una manera esporádica y de manera plena en 1916 debutando en el Metropolitan Opera Hause de Nueva York con Lucia di Lammernoor de Donizetti y en donde realizará varias temporadas. Significativo éxito de la soprano será el conseguido en los años que si guieron con la representación para el Metropolitan de la ópera Rigoletto de Verdi al lado de Enrico Caruso. Su retirada definitiva de la escena ocurrirá el 24 de Enero de 1924 en Montecarlo con Filemón y Baucis de Gounod. A partir de esta fecha decidirá instalarse definitivamente en la capital argentina, en donde dirigirá una escuela de canto, que sólo abandonará en contadas ocasiones para actuar con fines benéficos.
Acabada la Segunda Guerra mundial, trasladará su residencia a París, muriendo un año más tarde, el 8 de Agosto de 1946 en San Juan de Luz a los sesenta y dos años de edad. Barrientos, poseía un registro completo de soprano lírica con graves vibrantes y potentes y sobreagudos con gran limpieza y densidad de timbre, alcanzaba con gran facilidad el Mi bemol sobreagudo en Lakmé o en la Traviata y el Fa natural en El Barbero de Sevilla o La flauta mágica. Otra característica de la soprano era la concepción de la voz y del canto como algo instrumental, esta circunstancia, hacía en opinión de algunos críticos, que lo instrumental prevaleciese a veces sobre lo vocal y en consecuencia su dicción no fuese excesivamente nítida ni aún en las obras en castellano. Otros, no obstante, hablaban de una vocalización y fraseos muy claros, sea como fuere y debido a la precariedad de las obras conservadas en grabaciones, es hoy por hoy difícil de dilucidar. Por otro lado lo cierto es que la cantante nunca tuvo problemas en representar los más variados papeles a lo largo de su vida profesional. La discografía de la soprano es bastante representativa, en su primera época grabó para Fenotipia en Milán (1905-1906) varios fragmentos de obras como Puritanos, Sonámbula, Las bodas de fígaro, El barbero de Sevilla, entre otros. Desde 1916 a 1920 grabará para la Columbia americana fragmentos de Lakmé, Las perlas del Brasil, La traviata, Puritanos, El gallo de oro... La información que presentamos ha sido obtenida de la siguiente bibliografía: - Martín de Segarmíniga, Joaquín, Diccionario de cantantes líricos españoles, Acento editorial, Madrid, 1997
- Hernández Guirbal, Francisco, Cien cantantes españoles de ópera y zarzuela, Ediciones Lira, Madrid, 1994
- VV.AA, La gran ópera, Barcelona, Planeta Agostini, 1991
- VV.AA, La gran ópera paso a paso, Madrid, Club internacional del libro, 1990
- VV.AA, La ópera, Barcelona, Salvat, 1989
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