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Siempre DON GIOVANNI en el Palacio de la Opera
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Written by Alberto Gonzales la Puente
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Mozart: «Don Giovanni». Intérpretes: M. Vinco, P. Spagnoli, S. Coliban, E. Martirosyan, F. von Bothmer, J. Kozlowska, J. A. López, E. de la Merced, Coro y Orquesta Sinfónica de Galicia. Dirección escénica: Giancarlo del Mónaco. Escenografía y vestuario: A. Ruiz de la Prada. Dirección: V. Pablo Pérez. Lugar: Palacio de la Ópera, La Coruña
Se le ha visto a Don Juan campear por el siglo XVIII, ser un castigador en nuestros días y hasta habitar el futuro. El verdadero mito es eterno. De algún modo lo explica la nueva producción del Festival Mozart de La Coruña, desnuda en su desarrollo y, a ratos, insinuantemente cercana en el tiempo. Color, rayos láser, un simpático mobiliario y un ambiente de espesa atmósfera decoran la fiesta del primer acto y la cena del final, rematando una recreación que fluye con el buen trazo escénico que firma Giancarlo del Monaco, capaz de hacer fácil la dificultad de un espacio delimitado por dos telones que se descorren lateralmente.
La variedad en los movimientos y la coherente circulación de los personajes demuestran la solidez de su trabajo. También la manera en la que se perfila cada cual. A ello también contribuyen los figurines de Ágatha Ruiz de la Prada, de quien se podría haber esperado la divertida locura de algunas de sus realizaciones para la pasarela contribuyendo a un «Don Giovanni» jocoso, pero quien ha optado por acercarse a la ópera con prudencia, vistiendo a cada cual con la «sensatez» propia de su estilo.
Don Juan trajeado y macarrilla
A este Don Giovanni trajeado y macarrilla le aporta gracia Marco Vinco quien, además, canta con solidez, construyendo un protagonista en paralelo al del ágil y teatral Leporello que, enfrascado en su mono, encarna Pietro Spagnoli. A los plateados Masetto y Zerlina les ponen voz la solvencia de José Antonio López y el buen gusto de Elena de la Merced. Detalles de expresión fluyen en la interpretación, algo agarrotada en las agilidades, de Elisaveta Martiros para Donna Anna, vibrato y premura en la Donna Elvira de Joanna Kozlowska, volumen y justeza en el grave tiene el Comendador de Sorin Coliban, blandura e irregularidad en la línea el Don Ottavio de Ferdinand von Bothmer.
Todos construyendo su interpretación a partir del criterio unificador impuesto por Víctor Pablo Pérez, quien proporcionó unidad a una interpretación que, en concepto, nace de la orquesta. Que la tensión y el vigoroso carácter sinfónico del principio fuera dando paso a una más apaciguada y dialogante versión no fue óbice para la permanencia de una meritoria regularidad lograda gracias a la seguridad emanada desde el podio.
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