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Ha sido unos de los mejores barítonos de su tiempo. Nació en Pisa el 9 de junio de 1877. Su vocación por el canto despertó a los 15 años de edad. Por diversas razones no pudo iniciar sus estudios hasta cumplidos lo 20 años. Por consiguiente fue autodidacta y con escasos estudios musicales. Se inscribió en el Conservatorio de Santa Cecilia pero en breve tiempo desertó, en especial debido a las contradicciones que su voz generaba entre sus maestros pues mientras su propio maestro aseguraba que era bajo, otros sostenían que era barítono. Tal desacuerdo en las opiniones lo llevaron a abandonar a su profesor y a proseguir los estudios en Milán donde se puso bajo las guía de los barítonos S. Sparapani y L. Casini. Su debut se produjo en el Teatro Costanzi de Roma interpretando el Heraldo de Lohengrin, en el año 1898. A esto le sigue una maravillosa interpretación en la ópera Zaza, de Ruggero Leoncavallo, dirigida por Leopoldo Mugnone en el Teatro Ópera de Buenos Aires. En 1903 cantó El Barbero de Sevilla en el Covent Garden. Pero hasta su triunfal interpretación de Zaza en el Liceo de Milán (septiembre de 1904) y su primer contrato en el teatro del Conservatorio de San Petersburgo (1905), no se le abrieron las puertas de la celebridad al joven cantante de Pisa. Efectivamente, pese a ser muy positivos, su presentación en otros teatros (Carlo Felice, de Génova con La Traviata y Rigoletto; en el Regio de Parma, con Il Trovatore; en Santiago de Chile, con L’Africana y Otello, en el Covent Garden, con Lucia di Lammermoor y El Barbero de Sevilla y, en su única temporada de actuación en La Scala 1903 – 1904 con Rigoletto, Germania, de A. Franchetti y Griselda de Massenet ) no sirvieron para asegurarle una sólida fama, debido a la competencia de otros famosos barítonos de la época. Cuando a comienzos de 1905, debutó en el San Carlos de Lisboa con Hamlet, el éxito fue tal que el cantante pasó rápidamente a un mundo de leyenda, alimentada continuamente por sus triunfos a un lado y otro del Atlántico, con algunas actuaciones esporádicas en Italia, especialmente en roma y Florencia, que no se interrumpieron hasta su retirada de los escenarios en el Teatro Colón de Buenos Aires en 1931. En este Teatro cantó en forma casi permanente entre los años 1908 y 1931. En la temporada inaugural (1908) cantó diez óperas en escasos tres meses (entre el 30 de mayo y el 9 de septiembre.) Su repertorio estaba compuesto por más de 30 papeles. Titta, cuyo nombre real era Ruffo Cafiero Titta protagonizó una extraordinaria carrera, hasta el punto de ser considerado como una voz “histórica”, casi como la voz de barítono por antonomasia. Su voz de brillo y colorido inconfundible en toda su gama, difundía sonidos compactos y empastados que con la ayuda de fulgurantes vibraciones y perfectos claroscuros, conferían a su canto sus más genuinos atributos. Única era también la extensión de su voz, que abarcaba diecisiete notas, incluido el Do tenor, lo que le permitía, a pesar de la especial amplitud de la gama central, dominar los extremos del pentagrama con la facilidad y claridad de sus legendarios agudos. Si excepcional fue su voz, no menos prodigiosa resultaba su organización vocal, basada en una emisión que dependía de la especial conformación de la nariz y que le confería un volumen trascendental a ciertas vibraciones. Si además, también se tiene en cuenta su talla como intérprete, ya que era un actor de gran relieve, con una dicción muy eficaz e incisiva, se comprende fácilmente el que se le haya atribuido el calificativo de “fenómeno”, inimitable por los rasgos peculiares de una personalidad humana, antes aún que artística, absolutamente excepcional, tal como se colige de su autobiografía La mia parábola. A partir de 1937 se estableció en Florencia para dedicarse a la enseñanza, luego de haber sufrido la cárcel por sus ideas en contra del fascismo. En esa ciudad se produjo su paso a la inmortalidad el 5 de julio de 1953.
Bibliografía: Diccionario de Música y Músicos, de Waldemar Axel Roldán. Publicado por “El Ateneo” Pedro García S. A. Buenos Aires 1ª edición,1996. El Arte Lírico en el Teatro Colón (1908 – 1933) por Ernesto de la Guarda y Roberto Herrera. Editores Zea y Tejero Buenos Aires 1933. Música Maestro, Diccionario de la Música, Editorial Rombo (1996), Montaner 371, Barcelona. |