|
 |
 |
 |
 |
viernes, 04 julio 2008 |
|
Benini dirigió La Traviata en el Covent Garden
|
|
|
Written by Enrique Sacau
|
|
|
|
La producción de La traviata que Richard Eyre preparó para la Royal Opera House en 1994 es mundialmente famosa por haber sido la que lanzó definitivamente a la fama a Angela Gheorghiu. Dirigida por Sir Georg Solti, con Leo Nucci y Frank Lopardo como compañeros de reparto, Gheorghiu conquistó al público de la sala, a la crítica y al maestro in situ, pero también al resto de los aficionados a través del VHS y más recientemente, el DVD. Era una producción que yo veía sólo por segunda vez en director, la primera de las cuales fue en el más reducido escenario del New Theatre de Oxford. Funciona harto mejor en Covent Garden donde los ‘hombros’ del escenario permiten que el movimiento escénico ‘respire’—si se me permite el símil. Por lo demás, la producción no es ambiciosa en la búsqueda de significados ocultos o nuevas visiones, sino en la presentación de una ópera tristísimo, tanto más cuanto mejor sea la soprano. Porque si algo es cierto es que La traviata es una ópera para soprano, soprano y soprano, siendo el tenor y el barítono personajes de perfil bajo, no tanto dramatúrgica como musicalmente.
Del anterior comentario se desprende que si la soprano está en gracia, la función sale bien. Y así fue. Norah Amsellem tiene por delante un poco de trabajo antes de hacer una ‘Violeta’ redonda, pero los mimbres están ahí: hay que lamentar un agudo descontrolado que a veces sale afinado y a veces no, lo que provoca inseguridad en el espectador. En ocasiones así suelo preferir que la cantante se corte y no chille el Mi bemol que corona ‘Sempre libera’. En el segundo acto ya no se echó en falta nada, especialmente por sus dotes como actriz en su conversación con ‘Germont’. Quedó clara también la que es su mayor virtud: un canto legato que no se disfruta todos los días. Ansellem tiene un fiato amplio, un timbre de color uniforme—si bien no especialmente rico—y frasea con una calma que se ve poco. Lo mejor que ofreció en este sentido fue un ‘Addìo del passato’ que me puso los pelos de punta. En fin, hacen falta retoques menores a una ‘Violeta’ que está ahí y que puede cantar este papel en los mejores teatros del mundo.
Más pobre de timbre y de técnica Charles Castronovo, cuyo ‘Alfredo’ sonó un poco flojito. Que ‘Alfredo’ sea un estúpido (uno de los mayores estúpidos de la historia del género), no quiere decir que él no se crea las tonterías que hace y para eso hace falta mucho fuego, mucha pasión, muchos celos. Y Castronovo, que da las notas, frasea bien y emite sin problemas, carece de eso. No es ese el problema de Gerald Finley como ‘Germont’: convenció al público por su volumen y su solidez escénica, que tuvo su mejor momento en el dúo con ‘Violeta’ en el segundo acto. Sonó por momentos algo opaco el timbre en el segundo acto.
Sorprendieron negativamente, cosa rara en Covent Garden por cierto, los secundarios. Gillian Knight es la misma ‘Anina’ del estreno de la producción hace once años y la voz es más chillona que otra cosa. Como su papel es de mínima importancia quizás compensa mantenerla, dado que sabe a estas alturas de memoria sus movimientos. Jeremy White fue un desafinado ‘Marquis d’Obigny’ y cumplió bien Darren Jefery como ‘Baron Douphol’. Bravo, como siempre, el coro.
Tampoco vivió su mejor noche el foso que ocupa una de las mejores orquestas de ópera del mundo. Y fue quizás porque Maurizio Benini trató de sorprender donde menos importaba, dejando la ópera ir sola en momentos en que el pulso era necesario. Ejemplo de lo primero fue el ‘Libiamo’, que comenzó con exageraciones innecesarias al marcar el vals. Y ejemplo de los segundo es haber dejado al barítono y a la soprano solos en el segundo acto, siendo la orquesta menos que un decente acompañamiento. Por lo demás, la mayor parte del tiempo cumplió discretamente su papel.
En definitiva: como había una buena soprano, había La traviata. Londres, 04.02.2005. The Royal Opera House, Covent Garden. Giuseppe Verdi, La traviata. Richard Eyre, producción original. Patrick Young, dirección escénica. Bob Crowley, escenografía. Jane Gibson, dirección de movimientos. Jean Kalman, iluminación. Norah Amsellem (Violetta Valéry), Liora Grodnikaite (Flora Bervoix), Jeremy White (Marquis d’Obigny), Darren Jeffery (Baron Douphol), Gaeme Broadbent (Doctor Grenvil), Robert Murray (Gastone de Letorières), Charles Castronovo (Alfredo Germont), Gillian Knight (Annina), Neil Gillespie (Giuseppe), Gerald Finley (Giorgio Germont). The Royal Opera House Orchestra & Chorus. Maurizio Benini, dirección musical. Ocupación: 100%
Escrito por Enrique Sacau / Mundo Clásico |
| Only registered users can write comments. Please login or register. Powered by AkoComment 1.0 beta 2! |
|
|
 |
 |
 |
 |
|
|