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La soprano valenciana Ofèlia Sala, ya está considerada uno de los principales nuevos valores de la lírica española, actuó en el Gran Teatre del Liceu acompañada de doce violonchelos de la Filarmónica de Berlín.
En cuanto a su Curruculum Vitae Profesional, decir solo maravillas. Graduada en canto, piano y teoría de la música en el Conservatorio de Valencia, Ofèlia Sala se perfeccionó en la prestigiosa Hochschule für Musik de Munich y es muy apreciada en los teatros de Alemania, donde canta con asiduidad, sobre todo en la Deutsche Oper de Berlín. El Liceu la ha aplaudido en La flauta mágica o Così fan tutte. La Scala, el Châtelet de París o la Ópera de Amsterdam son otros escenarios que ya han podido disfrutar de esa forma de cantar natural, pura, cristalina y diáfana.
Los titulos más importantes de su repertorio (El Caballero de la Rosa),de Srauss, (Le Nozze di Fígaro) y (La clemenza di Tito), Gilda (Rigoletto), Oscar (Un ballo in maschera) y el ángel de San Francisco de Asís. También destaca su actividad como concertista y solista de prestigio con la Philarmonie de Berlín, el Wigmore Hall de Londres, el Prinzregententheater de Munich, el Concertgebouw de Amsterdam y el Carnegie Hall de Nueva York.
Nuevamente ha vuelto al Gran Teatre con un programa que arrancará con Hymnus für 12 violoncelli, op. 57,de Julios Klengel, para seguir con Vocalise en forme de Habanera,de Ravel, Psyché,de Manuel de Falla, La maja y el ruiseñor (aria de Rosario de Goyescas),de Granados, y Bachianas brasileiras,n.º 1,de Heitor Villa-Lobos. Ya en la segunda parte cantará el Claire de Lune,Romance y Les cloches de Debussy, la Chanson perpétuelle, op. 37,de Chausson, y Adiós Nonino,Chiquilín de Bachín y Fuga y misterio de Astor Piazzola, para acabar con más Bachinas brasileiras de Villa-Lobos. Ante esa especie de aburrimiento o sopor habitual en el que a veces se sumerge el público liceísta cuando se trata de escuchar un recital o Liederabend, el pasado domingo la soprano valenciana Ofèlia Sala dio una lección de cómo plantear un recital ameno y exquisito en su debut en solitario, aunque acompañada por un conjunto soberbio, los 12 Chelistas de la Filarmónica de Berlín. Combinando repertorio para el conjunto de violonchelos o para la voz y las 12 cuerdas --en general en estupendos arreglos de David Riniker--, el concierto mezclaba buena parte del repertorio del último disco del grupo, South American getaway, con músicas de Piazzolla y Villa-Lobos (más el primer bis, el irónicamente jugoso 12 in Bossa Nova de Wilhelm Kaiser-Lindemann), al lado de música española y francesa. 12 instrumentos desdoblados en una orquesta, con todos los matices, y los músicos mirándose unos a otros y sonriéndose ante su ejemplar maestría. Es la marca de Berlín: se sienten bien, muy bien, haciendo música. Y con ellos Sala, voz siempre al servicio de los textos. Ni un solo gesto de afectación, ni una sola nota que no tuviera su exacto sentido en el contexto en que se cantaba, ni un solo altibajo. Pero con momentos de gran, gran cantante. ¡Qué versión dejó para el recuerdo de la Chanson perpétuelle de Chausson! En los bises, tras la bossanova alemana, Sala rindió homenaje "modesto", según ella, a Victoria de los Ángeles: cantó Maig, de Eduard Toldrà, y El cant dels ocells. Triunfo de ovación, que nos demuestra que esta joven va a pasos agigantados a convertirse en una primera figura de la lirica internacional. Felicidades.
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