|
Barcelona - El título estrella de la temporada liceísta llega a escena con doble aliciente. Por una parte, Wagner es el compositor más querido del coliseo de las Ramblas; por otra, la puesta en escena de «Parsifal» supone el regreso de Plácido Domingo a este teatro tras quince años, aparte de su participación en el «Concierto Wagner» de la temporada 1999-2000. «Es un lujo estar en Barcelona en enero. Es un lujo estar en este teatro que tiene un sabor, una tradición y una fuerza que me trae tantísimos recuerdos de cuando vivíamos aquí y aprovechábamos las Navidades para ver las actuaciones», remarcó ayer el tenor, que debutó en el Liceo en 1966 y desde entonces ha interpretado 28 títulos en la casa.
No es la primera vez que se produce una larga ausencia del tenor madrileño puesto que tras el protagonismo que le dio Portabella, según Domingo, «vino el proceso en el que, por alguna razón de calendario, no podía venir, y luego pasó el incendio». A partir de ahora «espero poder venir como director de orquesta», añadió el tenor, aunque tampoco descartó protagonizar su otro título fetiche, «La Valquiria», antes de su retirada de la ópera escenificada. La hora de la balanza. Ese momento no es cercano –tiene comprometidos «Cyrano de Bergerac» para el Convent Garden y el Teatro Real, donde también presentará «Luisa Fernanda», y prepara «Iphigenia en Tauride», de Gluck, y «El primer emperador» para el Metropolitan, y «Taberlano y Admeto» de Händel–, aunque sí empieza a ponerle fecha a una carrera que supera los 120 papeles. El tenor argumentó que «a esta edad tampoco puede uno ser demasiado optimista», y remarcó que «ya hay que ir día a día, no es sólo cantar, también están los ensayos. Es muy cansado físicamente y, entonces, prefieres un concierto para poder ir a sitios donde nunca has ido, Mientras preparas una ópera podrías haber hecho cinco conciertos, y eso es lo que tengo que poner en la balanza», apuntó.
No cabe duda que es todo un prodigio que superados los sesenta afronte una vez más Parsifal, joven que se pasa la obra de rodillas en el escenario y viste armadura. «Gracias a Dios tengo buena condición atlética porque jugué a fútbol», argumentó. Respecto a la producción y teniendo en cuenta que Nikolaus Lenhoff realiza cambios –Amforte muere y Kundry vive, además de que al final Parsifal se va–, aseguró que el director de escena «tiene muy buenas ideas». Pero remarcó que «me gusta mucho la producción tradicional, donde Parsifal se queda porque siento ese momento como místico, pero como hay tantos puntos de vista no me molesta un final así». También alabó a sus compañeros –Violeta Urmana, Matti Salminen, Bo Skovus, Sergei Leiferkus y Theo Adam– y al director musical, Sebastian Weigle, buen «discípulo» de Baremboin. |